La dieta, uno de los principales factores preventivos de riesgo cardiovascular

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Mié, 09/04/2013 - 09:08

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Las enfermedades cardiovasculares presentan una alta prevalencia en España, siendo múltiples los factores de riesgo que influyen en su manifestación. La alimentación es uno de elementos que mayor peso tienen en la aparición –o la prevención- de este tipo de patologías debido, precisamente, al notable efecto que ejerce sobre algunos de estos los factores de riesgo asociados, como son la hipertensión arterial o la hipercolesterolemia.

alimentacion salud

Las enfermedades cardiovasculares presentan un amplio abanico de factores de riesgo, por lo que el abordaje preventivo debe plantearse de una manera global.

Según las cifras que se desprenden de la última Encuesta Nacional de Salud (ENSE) publicada por el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad junto con el Instituto Nacional de Estadística en 2013 (1), patologías como la hipertensión arterial afectan al 18,5 % de la población adulta, cifras que se disparan hasta el 4 % en población mayor de 65 años. En el caso de la hipercolesterolemia, el 16,4 % de la población la padece y el número de afectados se dobla a partir de los 55 años (31,4 %).

Factores de riesgo cardiovascular: objetivo en la prevención

En cuanto a los principales factores de riesgo cardiovascular, la ENSE arroja los siguientes datos:

  • El exceso de peso es un problema cada vez más frecuente: un 36,7% de la población tiene sobrepeso (25 kg/m2 <= IMC < 30 kg/m2) y un 17% presenta obesidad (IMC >= 30 kg/m2). Ello significa que más de la mitad de la población adulta tiene un peso inadecuado.
  • Los datos de personas que padecen diabetes tipo 2, muy ligada a la prevalencia de sobrepeso y a los hábitos de alimentación inadecuados, se encuentran en torno al 15% en la población a partir de los 50 años y su prevalencia se ve incrementada con la edad.
  • La falta de ejercicio físico alcanza cifras del 35,9% en los hombres a partir de los 25 años y del 46,6% en las mujeres de más de 15 años. Esta tendencia al sedentarismo se ve incrementada debido no solo a los hábitos de la población, sino también al tipo de trabajo realizado: el 41% de las personas realizan las actividades laborales sentadas o de pie que apenas requieren esfuerzo físico.
  • En cuanto a otros hábitos de vida inadecuados, el 20% de las mujeres y casi el 28% de los hombres son fumadores frecuentes. Además, un 14% declara beber alcohol a diario, en muchas ocasiones excediendo el consumo de un vaso de vino con las comidas, que se considera razonable en personas habituadas a esta costumbre.

La Sociedad Española de Cardiología (SEC) presentó a finales del año 2012 el Proyecto Recursos y Calidad en Cardiología (RECALCAR), con el que pretendía conocer la situación de la asistencia a nivel cardiovascular en España y, a partir de ello, poder desarrollar y adoptar estrategias para optimizar la atención a los pacientes con enfermedades cardiovasculares (2). A través de este proyecto, la SEC concluye que las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en España y se aportan cifras similares o incluso más pesimistas que las de la ENSE, lo que corrobora la necesidad de prevenir el riesgo cardiovascular en la población de forma global.

Estrategias dietéticas para la prevención cardiovascular

La Sociedad Europea de Cardiología, junto con otras sociedades centradas en la prevención de las enfermedades cardiovasculares en la práctica clínica, ha actualizado en el año 2012 las Guías Europeas de prevención de la enfermedad cardiovascular en la práctica clínica (European Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice) (3). Estas guías confirman una vez más la influencia de los hábitos dietéticos en las enfermedades cardiovasculares, bien a través de su efecto en los factores de riesgo asociados o como un factor independiente.

Los nutrientes de mayor interés en la prevalencia de enfermedades cardiovasculares son los ácidos grasos, las vitaminas, los minerales y la fibra.

Ácidos grasos

El contenido en grasa y, en concreto, la calidad de la grasa de la dieta ejerce un efecto considerable en las diferentes fracciones de lipoproteínas sanguíneas. Los ácidos grasos saturados (AGS), monoinsaturados (AGM), poliinsaturados (AGP), así como diferentes tipos de ácidos grasos dentro de estos (omega-3 y 6, ácidos grasos trans) actúan de forma diferente (3).

Se ha estudiado ampliamente y ha quedado establecido que la sustitución de los AGS por insaturados reduce los niveles sanguíneos de colesterol, lo que incide indirectamente en la reducción del riesgo cardiovascular. Estudios epidemiológicos han encontrado evidencias consistentes que muestran que la sustitución de un 1% de la energía aportada por los AGS por AGP reduce un 2-3% el riesgo de enfermedad coronaria (4). Sin embargo, este efecto no se ha observado al sustituir los AGS por hidratos de carbono o AGM y el papel de los AGS sobre el riesgo cardiovascular sigue siendo controvertido. En cualquier caso, se recomienda limitar la ingesta de AGS hasta un máximo del 10% de la energía diaria. Por su parte, tanto los AGM como los AGP tienen un efecto positivo sobre los niveles de colesterol sanguíneo. (3).

En cuanto a los ácidos grasos trans, presentes de manera natural y en pequeñas cantidades en leche y carne de rumiantes, pero también en productos procesados, se recomienda que no excedan el 1% de la ingesta de energía diaria por su efecto en los valores de colesterol (3).

Colesterol

Las recomendaciones de ingesta de colesterol se mantienen en valores recomendados para población en general (300 mg/día) (3).

Minerales

El efecto de la ingesta de sodio en los valores de presión arterial está bien establecido (3). La ingesta máxima de sal recomendada es de 5 gramos al día (3), mientras que en España la ingesta de sal alcanza los 9,8 gramos al día según datos del plan “Cuídate+. Menos sal es más salud” puesto en marcha por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) (4).

Por su parte, el potasio es otro mineral implicado en la presión arterial. Una ingesta elevada de frutas y verduras, sobre todo plátano, melón, acelgas y patatas, que son la principal fuente de potasio, reduce los valores de presión arterial (3).

Vitaminas

Estudios observacionales han encontrado relación entre los niveles de vitaminas A y E y el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Este efecto protector se ha atribuido a sus propiedades antioxidantes (3).

En el caso de las vitaminas del grupo B, las vitaminas B6, B12 y el ácido fólico se han relacionado con menores niveles de homocisteína, los cuales se habían postulado como un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, diferentes estudios de prevención secundaria en los que se suplementaba la dieta con vitamina B6, B12, ácido fólico o ácidos grasos omega-3 han concluido que estos no ofrecen protección frente al desarrollo de enfermedades cardiovasculares (3,5/a>,6,7).

La deficiencia de vitamina D se ha relacionado con las enfermedades cardiovasculares (3), si bien una revisión de estudios publicada en marzo de este año indica que aún son necesarios más estudios antes de recomendar la suplementación con vitamina D como terapia en la enfermedad cardiovascular (9).

Fibra

El consumo de fibra en la dieta reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular. Mientras que no se conocen los mecanismos exactos de este efecto, se sabe que una ingesta alta de fibra reduce la respuesta postprandial de la glucemia sanguínea después de una dieta rica en hidratos de carbono y que reduce los niveles de colesterol (3). Por ello, una alimentación rica en alimentos integrales, legumbres, frutas y vegetales reduce diferentes factores de riesgo de enfermedad cardiovascular. En esta línea, el American Institute of Medicine recomienda una ingesta de unos 30-45 gramos de fibra al día (3).

Dieta mediterránea, una dieta cardiosaludable

El concepto de dieta mediterránea engloba los nutrientes y alimentos recomendados en las guías europeas: una alta ingesta de fruta fresca, verduras y hortalizas, legumbres, alimentos integrales, pescado y ácidos grasos insaturados, especialmente aceite de oliva, además de un consumo moderado de alcohol, preferentemente vino, con las comidas, y un consumo moderado de carnes y productos lácteos (3).

En este sentido, numerosos estudios han demostrado el efecto protector a nivel cardiovascular de la dieta mediterránea. Dichos estudios muestran además una alta adherencia de la población a los patrones dietéticos de la misma (10), hecho que ayuda a eludir el reto que supone trasladar las recomendaciones nutricionales a dietas atractivas para la población que encuentra dificultades para cambiar sus hábitos dietéticos a largo plazo (3).

Un trabajo reciente del equipo de investigación del estudio de intervención PREDIMED (Prevención con Dieta MEDiterránea) publicado en abril del presente año pone de manifiesto la eficacia de la dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra o con nueces en la reducción de la incidencia de acontecimientos cardiovasculares en personas que tenían un alto riesgo cardiovascular en comparación con una dieta control reducida (11). Este estudio confirma los beneficios de la dieta mediterránea en la prevención de las enfermedades cardiovasculares.

Referencias

  1. Instituto Nacional de Estadística. Encuesta Nacional de Salud de España 2011/12. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad; 2013.
  2. Sociedad Española de Cardiología. Proyecto RECALCAR. La atención al paciente con cardiopatía en el Sistema Nacional de Salud. Recursos, actividad y calidad asistencial. SEC; 2012.
  3. Perk J, De Backer G, et al. European Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice (version 2012). The Fifth Joint Task Force of the European Society of Cardiology and Other Societies on Cardiovascular Disease Prevention in Clinical Practice (constituted by representatives of nine societies and by invited experts). Eur Heart J. 2012 Jul;33(13):1635-701.
  4. Astrup A, Dyerberg J, et al. The role of reducing intakes of saturated fat in the prevention of cardiovascular disease: where does the evidence stand in 2010? Am J Clin Nutr 2011;93:684–688.
  5. Plan Cuídate+. Menos sal es más salud. Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición; 2010.
  6. Armitage JM, Bowman L, et al. Effects of homocysteine-lowering with folic acid plus vitamin B12 vs placebo on mortality and major morbidity in myocardial infarction survivors: a randomized trial. JAMA 2010;303:2486–2494.
  7. Galan P, Kesse-Guyot E, et al. Effects of B vitamins and omega 3 fatty acids on cardiovascular diseases: a randomized placebo controlled trial. BMJ 2010;341:c6273.
  8. B vitamins in patients with recent transient ischaemic attack or stroke in the VITAmins TO Prevent Stroke (VITATOPS) trial: a randomised, double-blind, parallel, placebo-controlled trial. Lancet Neurol 2010;9:855–865.
  9. Beveridge LA, Witham MD. Vitamin D and the cardiovascular system. Osteoporos Int. 2013 Mar 7. [Epub ahead of print]
  10. Sofi F, Abbate R, Gensini GF, Casini A. Accruing evidence on benefits of adherence to the Mediterranean diet on health: an updated systematic review and meta-analysis. Am J Clin Nutr 2010;92:1189–1196.
  11. Estruch R, Ros E, et al. Primary prevention of cardiovascular disease with a Mediterranean diet. N Engl J Med. 2013 Apr 4;368(14):1279-90.
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