La neofobia alimentaria: el miedo a probar alimentos nuevos

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Mié, 03/09/2016 - 17:28

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La neofobia se define como el miedo a probar nuevos alimentos. Es frecuente durante el desarrollo infantil, sobre todo entre los dos y tres años de edad, y se suele resolver en torno a los cinco aunque también puede mantenerse en la edad adulta. Este temor puede causar ansiedad y baja autoestima en los afectados. No obstante, un reciente estudio llevado a cabo en la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) asegura que un estrecho vínculo entre progenitores e hijos, invitarlos a ir a la compra juntos e implicarlos en la elaboración de las comidas familiares podrían ser de gran ayuda para resolver este problema. Y, por supuesto, predicar con el ejemplo.

Según este estudio realizado por Edurne Maíz, nutricionista-dietista y psicóloga por la Universidad del País Vasco, la neofobia alimentaria puede causar efectos negativos en la dieta del afectado, ya que suelen ingerir menos frutas y verduras y más alimentos de los considerados que deberían ser de consumo ocasional.
Para llegar a estas conclusiones, esta experta llevó a cabo cuestionarios a 831 escolares de 8 a 16 años sobre estilos de vida, hábitos alimentarios familiares, diferentes variables psicológicas y comportamientos alimentarios. Los resultados muestran que cuando los progenitores presionan a sus hijos para que coman un alimento nuevo no hacen sino aumentar el nivel de neofobia, además de incidir negativamente en el estado emocional del pequeño.

La paradoja del omnívoro

Este rechazo a lo desconocido en cuestión alimentaria también es conocido como “la paradoja del omnívoro”. La explicación que dan los expertos, como Claude Fischler en su libro “El (h)omnívoro”, consiste en que, por un lado, el ser humano se encuentra impulsado a diversificar la dieta y a adaptarse a los cambios pero, por otro, siente que tiene que actuar con prudencia y sospechar de lo desconocido –en este caso los alimentos nuevos-, ya que podría suponer poner en peligro su vida. Así pues, se establecen dos extremos opuestos: la neofobia (tendencia a ser prudente y desconfiado) y la neofilia (tendencia a explorar, probar y variar).
 
Para algunos expertos en la materia, como el profesor en psicología David Benton, de la Universidad de Swansea (Gales, Reino Unido), la neofilia alimentaria es un mecanismo de supervivencia heredado de nuestros ancestros que impediría, a edades tempranas, probar alimentos que podrían ser venenosos. Algunos estudios en la materia han puesto de manifiesto que este temor a probar alimentos desconocidos se da sobre todo en el sexo masculino. Y, los niños que han sido destetados con alimentos sólidos, tienen menos probabilidades de sufrirlo.

¿Hay que obligar a los niños a comer?

Uno de los objetivos de los progenitores es enseñar a comer y disfrutar con ello. Eso sí, a la fuerza, según esgrimen los especialistas en salud infantil, es difícil que se consiga, además de provocar efectos negativos de diversa índole. Algunos adultos se lo toman como algo personal el hecho de que su hijo no quiera comer –porque ya no quiere más o porque no le gusta-, y adoptan una actitud de enfado o de chantaje y eso hace sentir mal al pequeño. Es importante tener en cuenta las raciones y los gustos individuales, ya que obligarles a comer puede convertir el momento de la comida en algo que el niño termine detestando. De hecho, los adultos preferimos no comer aquellos alimentos que no son de nuestro agrado, aunque el entorno alabe sus propiedades y características organolépticas. Entonces, ¿por qué no hacemos lo mismo con los más pequeños?

Para Julio Basulto, dietista-nutricionista, es fundamental que los padres conozcan los gustos de los más pequeños, y diferenciarlos de los caprichos. Pone de ejemplo que se consideraría un capricho cuando el niño solo quiere comer un determinado alimento -por ejemplo, chocolate- a todas horas.

Desde la Asociación Española de Pediatría insisten en que el papel de los padres es ofrecerles una alimentación sana, pero la cantidad la deciden ellos mismos y, aunque a algunos les suene extraño, esta actitud les ayudará a prevenir la obesidad. No hay que olvidar que, como sucede con la adquisición de otros hábitos de vida saludables, conseguir que tengan una dieta equilibrada es cuestión de tiempo y de mucha paciencia. Y, por supuesto, de actuar como modelos para ellos.  

 

BIBLIOGRAFÍA:

*Maiz E, Maganto C, Balluerka N. Neofobia y otros trastornos restrictivos alimentarios en la infancia y consumo de frutas y verduras. Rev Esp Nutr Comunitaria 2014; 20 (4):150-7

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