La caseína

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Jue, 03/23/2017 - 18:16

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Las proteínas  de la leche

La leche es un alimento muy completo, de alto valor biológico, comparable a la carne, el huevo y el pescado, aunque casi no aporta hierro. Contiene todos los aminoácidos esenciales para la síntesis celular, por su riqueza en lisina y leucina. Sus proteínas, que son mayoritariamente caseínas (representan el 80% de todas las proteínas lácteas) y seroproteínas (las proteínas del suero son un 2% del total de la leche entera, como albúminas y globulinas) se encuentran en proporciones del 3,3-3,5%. Esto significa que medio litro de leche sería similar a 100 gramos de carne o pescado y a dos huevos grandes.

Por otro lado, todas las proteínas de la leche tienen poder antigénico, es decir, capacidad de provocar alergia, aunque no todas tienen la misma capacidad sensibilizante. La caseína es la que está implicada en el mayor número de alergias. Los síntomas característicos de la alergia a la leche aparecen con mayor frecuencia en las mucosas de las vías respiratorias y dificultan la respiración, aunque también pueden surgir síntomas cutáneos, como dermatitis atópica o urticaria, y gastrointestinales, como la flatulencia o la diarrea. No obstante, a menudo, varios de estos síntomas pueden darse de manera asociada. En todo caso, hay que tener en cuenta que la reacción puede ser grave y poner en peligro a la persona.

Alergia a las proteínas de la leche

Según la Asociación Española de personas con alergia a alimentos y látex, se considera alergia a las proteínas de la leche cuando una persona, tras la ingesta de proteínas lácteas, manifiesta una respuesta anormal y en ese proceso hay un mecanismo inmunológico comprobado. De todas las respuestas inmunitarias, la mayoría son del grupo hipersensibilidad inmediata.

Sin embargo, los expertos advierten de que, de todas las alergias provocadas por alimentos, es precisamente la de la leche la que supone mayores errores de clasificación. Hay que tener en cuenta que, además de la alergia a las proteínas, hay otras situaciones distintas, como la intolerancia a la lactosa.

La importancia de esta alergia es que aparece por lo general en la infancia. La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) señala que hasta el 45% de los casos se presenta antes del año de edad; el 75% antes de los dos años y un 90% antes de los cinco años. Incluso puede surgir antes del primer mes de vida del lactante, a las pocas semanas de introducir fórmulas adaptadas para la lactancia artificial.

Los expertos advierten de que esta alergia es en general temporal y la mayoría de los pacientes (un 90%) llega a tolerar la leche antes de los dos años de tener el diagnóstico preciso y haber seguido las pautas alimentarias recomendadas. Pese a ello, en algunos casos, esta situación de alergia persiste en el tiempo, sobre todo cuando está provocada en exclusiva por la caseína.  

Recomendaciones para la alergia a la caseína

Una vez se obtiene el diagnóstico, el tratamiento se basa en eliminar la leche y sus productos derivados de la pauta alimentaria, ya que pequeñas cantidades, aunque no provoquen síntomas, favorecen la persistencia del cuadro y aumentan la sensibilización. Las recomendaciones básicas son las siguientes:

  1. Los lactantes alérgicos a la leche de vaca deberán seguir con la lactancia materna y la madre deberá seguir una dieta sin leche ni derivados o, en su defecto, si se establece lactancia artificial se usarán fórmulas especiales según las recomendaciones del alergólogo. 

  2. Hay que procurar que la dieta sea rica en alimentos sustitutos de la leche de vaca por su aporte de calcio: pescados que se puedan comer con espina (sardinas en lata, anchoas...), legumbres, frutos secos, soja y derivados (leche, tofu, postres...).

  3. Beber abundante cantidad de líquidos para mantener una correcta hidratación del organismo.

Es importante leer con detenimiento las etiquetas de los alimentos y tener en cuenta que muchos productos procesados incluyen en su elaboración otros productos que pueden contener caseína, y no quedar reflejado en la etiqueta del producto final. O, también, puede ocurrir que esté como trazas en alimentos que originalmente no las contiene, a consecuencia la fabricación conjunta con otros alimentos que sí tienen.

Esta situación es más frecuente que suceda con productos como el chocolate con leche, los caramelos tipo “sugus” y los productos de bollería, que llevan leche de vaca; en aquellos que contienen caseinato, suero de leche y sólidos lácteos o con H-4511 (caseinato cálcico), H-4512 (caseinato sódico) y H-4513 (caseinato potásico) utilizados como aditivos espesantes; en sopas, cubitos de caldo o salsas de tomate que llevan el mensaje "caldo deshidratado"; en productos que contienen grasas animales sin especificar (podría ser nata o mantequilla); cuando contega proteínas sin concretar; y, por último, si llevan aromas sin determinar el origen, ya que pueden ser de queso o de leche.

Hay que  indicar siempre al profesional sanitario la condición de alérgico al médico y leer cuidadosamente el apartado de composición en el prospecto de los medicamentos.

 

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alergia, leche

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