Intolerancia a la lactosa

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Mié, 02/08/2017 - 18:18

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¿Alergia o intolerancia?

Antes de empezar, es bueno recordar las diferencias que hay entre una alergia y una intolerancia. Según describe la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Los términos alergia e intolerancia a la lactosa describen reacciones distintas a los diversos elementos de la leche. Así, la alergia a la leche de vaca se refiere en una hipersensibilidad a las proteínas que contiene la leche, que se manifiesta con erupción cutánea, edema facial e, incluso, asma. En cambio, el vocablo intolerancia se utiliza para describir una asimilación deficiente del carbohidrato lactosa, que se manifiesta, sobre todo, con síntomas digestivos como distensión abdominal y diarrea.

La lactosa es el azúcar (disacárido) que se encuentra, de forma natural, en la leche de todos los mamíferos, como vaca, cabra, oveja y la leche humana. Sin embargo, también se halla en muchos alimentos procesados: bizcochos, galletas, congelados, sopas instantáneas, cereales del desayuno, carne procesada, etc. Se digiere a través de la enzima lactasa, que está en el intestino delgado, que la trasforma en unidades más pequeñas, sus dos azúcares simples: glucosa y galactosa. Se desarrolla una intolerancia cuando el organismo presenta una disminución o una ausencia de la enzima lactasa, debido a un problema metabólico congénito (no hay lactasa desde el nacimiento) o adquirido.

Tipos de intolerancia a la lactosa

Según la Asociación de Intolerantes a la Lactosa de España (ADILAC) hay distintos tipos de intolerancia a la lactosa:

1. Hipolactasia adquirida o deficiencia primaria de lactasa: es de causa genética y progresiva. Se produce una pérdida progresiva de la producción de la lactasa y, en consecuencia, una paulatina incapacidad de digerir la lactosa (se conoce como intolerancia a la lactosa o malabsorción a la lactosa). Se da a lo largo de la vida en ciertos grupos étnicos. Los afectados tienen una secreción de lactasa óptima al nacer, pero sufren una disminución posterior en la secreción de lactasa, y, aunque continúan segregando la enzima, lo hacen en una proporción muy inferior a los valores normales (entre el 10% y el 30%). La persona afectada nota como, poco a poco, la ingesta de leche le causa cada vez más síntomas digestivos (que solo se alivian con la retirada de los productos lácteos de la dieta). Se estima que afecta a más del 70% de la población mundial y no hay curación, puesto que el afectado no es capaz de recuperar el enzima.

2. Hipolactasia o deficiencia secundaria de lactasa: la disminución de producción de lactasa es temporal y está causada por un daño intestinal (infección intestinal vírica, bacteriana o provocada por parásitos; celiaquía; enfermedad de Crohn; malnutrición por diarrea o por trastornos de la conducta alimentaria; intervenciones quirúrgicas en la zona del intestino delgado o tratamientos con quimioterapia o determinados antibióticos, entre otros). Por ello, una vez se soluciona la causa y la mucosa intestinal se ha recuperado, se normaliza la producción de lactasa, lo que permitirá de nuevo incluir la lactosa en la dieta habitual.

3. Alactasia o deficiencia congénita de lactasa: este es un déficit genético, con una ausencia total de lactasa en el organismo desde el nacimiento. Constituye una enfermedad rara (muy pocos casos en el mundo, la mayoría en Finlandia) que se diagnostica los primeros días de vida, cuando el bebé sufre diarrea después de la ingesta de leche. En estos casos, se hace imprescindible retirar por completo la lactosa para evitar lesiones y complicaciones graves en su desarrollo.

Síntomas habituales de la intolerancia

Las manifestaciones que provoca la forma más frecuente de intolerancia a la lactosa –deficiencia primaria de lactasa- son digestivas. Aparecen a partir de la media hora a las dos horas de haber comido alimentos con lactosa y se alargan hasta las tres y seis horas post ingesta. Los más frecuentes son flatulencia, cólicos intestinales (espasmos) o dolor abdominal, hinchazón y distensión abdominal, náuseas, vómitos, defecación explosiva, con heces de consistencia pastosa y flotantes o diarrea ácida que provoca eritema de la zona perianal, entre otras.

Alimentos a excluir

Para evitar estos molestos síntomas, los especialistas en nutrición proponen prescindir de los siguientes alimentos: productos lácteos como natillas, queso fresco, batidos de leche, etc.; productos procesados industrialmente enriquecidos con leche o lácteos o que especifiquen entre sus ingredientes/aditivos lactosa o monohidrato de lactosa, azúcar de la leche, sólidos lácteos, E966 Lactitol, suero (de leche, lácteo o lactosuero) o grasa de la leche, como las sopas o purés instantáneos, los crepes, bizcochos y galletas, y bollería y repostería rellenas; las bebidas alcohólicas; la mantequilla, nata y margarinas que no especifiquen en su etiquetado si son 100% vegetales o contenido animal o leche; y otros productos, como caramelos y chocolate con leche.

 

 

 

 

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alergia, leche

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