La importancia de la higiene de manos

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Jue, 03/12/2015 - 12:29

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La ciencia lo sustenta: lavarse las manos es la medida  más fácil y eficaz, a la par que la más económica, de evitar la transmisión de numerosas infecciones, tanto las que se adquieren en la comunidad  -como el resfriado, la gripe e, incluso, la hepatitis A-, como las infecciones contraídas dentro de un recinto de atención a la salud -las ‘nosocomiales’-. De hecho, la Organización Mundial de la Salud considera a las manos como la principal vía de transmisión de gérmenes durante la atención sanitaria. Cabe recordar que durante la pandemia de la gripe A fue una de las pocas medidas aconsejadas para frenar su propagación.

Lavarse las manos es de tal importancia, que esta acción que podría considerarse trivial cuenta con dos días de conmemoración en todo el mundo: el 15 de octubre se celebra el Día Mundial del Lavado de Manos y cada 5 de mayo, el Día Mundial de la Higiene de las Manos, centrado en fomentar esta práctica en el ámbito sanitario para mejorar la seguridad del paciente. 

Cómo lavarse bien las manos

Para lavarse bien las manos no se necesita demasiado: solo agua y jabón. El quid de la cuestión está en el cómo. Tras humedecerlas, se aplica jabón suficiente para cubrirlas y friccionar la superficie durante unos 20 segundos, sin olvidar ninguna zona: palmas, dorsos y muñecas, el área interdigital y, sobre todo, las uñas, donde se puede utilizar un cepillo. Después, hay que enjuagar bien las manos y secarlas minuciosamente con una toalla limpia y seca o con una toalla de papel desechable. Aunque el jabón utilizado sea corriente, con este procedimiento se eliminan desechos orgánicos e inorgánicos y se disminuye la carga bacteriana de la capa dérmica más superficial.

Para los profesionales sanitarios se recomienda usar un jabón con antiséptico bactericida o bacteriostático -como los que contienen clorhexidina, triclosán, el cloroxilenol, el hexaclorofeno o compuestos iodóforos-, o bien, después del lavado, utilizar una solución antiséptica alcohólica para friccionar las manos. Los antisépticos, cuando se utilizan bien, ayudan a eliminar la carga bacteriana residente o transitoria de la piel de las manos de los profesionales sanitarios.

¿Cuándo hay que lavarse las manos?

Aunque suene a verdad de Perogrullo, aún hay muchas personas que ‘suspenden’ en este apartado, incluso entre los profesionales de la salud. Sin embargo, es importante insistir en que lavarse las manos es imprescindible. A modo de recordatorio, hay que hacerlo: siempre antes de tocar algún alimento y, sobre todo, entre la manipulación de alimentos crudos y cocinados, antes de utilizar un utensilio de cocina, de poner la mesa, de comer -aunque sea un bocadillo- y de amamantar; también después de ir al baño, estornudar, toser y sonarse la nariz y, de igual manera, tras cambiar un pañal, limpiar los mocos a un niño o acompañarle al baño. Otros momentos del día en los que debemos tener en cuenta esta premisa son: tras jugar al aire libre; al volver a casa, después del trabajo, del colegio o de la calle; después de tocar dinero, las llaves o barandillas; tras utilizar productos de limpieza o químicos, en general; cuando hemos tocado desperdicios o basura, después de jugar con la mascota y, por supuesto, antes y después de tocar una herida o una persona enferma e, incluso, después de hacerle una visita.

La higiene: la medida más efectiva de cuidar la salud

Lo mejor, como en tantos aspectos en el ámbito de la prevención y la promoción de la salud, es instruir a  los niños desde pequeños para que este simple acto –que no insignificante- pase a ser un hábito de higiene para el resto de su vida. Esta práctica le protegerá de contagios de enfermedades leves -como el resfriado, habitual en el entorno escolar- y de otras que pueden suponer una mayor gravedad -como meningitis, bronquiolitis, gripe, hepatitis A y la mayoría de los tipos de diarrea infecciosa.

La mejor manera de que aprenda a hacerlo de forma correcta es predicando con el ejemplo. Se estima fundamental que el niño aprenda junto a un adulto, con agua y jabón, ¡sin prisas! Se le debe proporcionar un acceso fácil al agua y al jabón (taburete) y enseñarle a terminar con un secado completo. Para ponérselo más fácil a los más pequeños, lo idóneo es buscar una canción que dure, por lo menos, los 20 segundos aproximados que se necesitan para un correcto enjabonado.

BIBLIOGRAFIA

*Programa de higiene de manos del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.
*Programa ‘Una atención limpia es una atención más segura’. Organización Mundial de Salud.
*Consejos de salud: Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria

 

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