Niños con fiebre: la falta de apetito

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Mié, 03/18/2015 - 08:13

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La fiebre es el síntoma que ocasiona más visitas en todos los niveles asistenciales, ya sea en atención primaria como en los servicios de urgencias, sobre todo en el ámbito de la pediatría. Sin embargo,  es un proceso adaptativo del organismo que ayuda a hacer frente a virus y bacterias que lo acometen, clave en el fortalecimiento del sistema inmunológico del niño. Por ello, debe entenderse como un síntoma, no como una enfermedad. Incluso su intensidad no está relacionada con la gravedad del proceso. Según datos de la Asociación Española de Pediatría, la fiebre es uno de los síntomas más frecuentes durante los primeros tres años de vida y, de hecho, no produce grandes trastornos si se controlan las subidas. El mayor riesgo de la fiebre muy alta y sostenida son las convulsiones febriles, aunque solo en aquellos niños con predisposición a sufrirlas.

Las necesidades de un niño con fiebre

Un niño con fiebre necesita descansar, en casa, ya sea en el sofá o en la cama, estar tranquilo jugando o leyendo. Como muchos no consiguen dormir bien de noche, necesitan de momentos para descansar y dormir, coincidiendo con los periodos que no se sienten bien. Es habitual que en estas condiciones el pequeño se niegue a comer; y no hay que obligarlo. De hecho, la falta de apetito es una reacción adaptativa del organismo. Así como muchos no tienen ni ganas de jugar ni de moverse, también su sistema digestivo pide reposo y trabajar el mínimo posible, para poder destinar la energía metabólica a hacer frente al proceso infeccioso.  

En el caso de infección leve, hay que dejarse guiar por sus deseos que, como norma habitual, será rechazar cualquier alimento sólido. Si, por el contrario, el niño enfermo tiene hambre, se le pueden ofrecer sopas de verduras, sémola o crema de cereales en pequeñas cantidades. No hay que preocuparse, puesto que a medida que se vaya recuperando, progresivamente recuperará el apetito. En realidad, la recuperación del apetito después de un proceso infeccioso es, en general, rápida y, en ocasiones, los niños terminan comiendo más que antes de la fiebre: esto es para recuperar la energía necesaria para el proceso de convalecencia. Este periodo de aumento de la apetencia suele ser corto y a los pocos días el pequeño vuelve a tener  las ganas de comer habituales. Por norma general, las medidas dietéticas quedan restringidas a determinadas enfermedades.

Un aspecto importante es ofrecerle de beber aunque no tenga demasiada sed ya que conviene que esté hidratado. Lo mejor es ofrecer agua, zumos de fruta, caldos o infusiones con un poco de miel y limón.

La falta de apetito asociada a la fiebre es inofensiva si dura unos pocos días. A menos que se trate de un lactante: en un lactante con fiebre que come bien, en general, el proceso suele ser leve. Sin embargo, el rechazo al alimento o la falta de apetito a esta edad es un síntoma de gravedad.

¿Cuándo hay que consultar al pediatra?

Desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, y teniendo en cuenta que son generalizaciones que en ningún caso reemplazan la valoración de un especialista, se aconseja acudir al pediatra cuando:

1. La fiebre dura más de 48-72 horas.

2. El niño con fiebre tiene entre 3 y 6 meses y más de 39 ºC, o es un niño de cualquier edad y alcanza los 40 ºC.

3. La fiebre se acompaña de mal aspecto general, irritabilidad, decaimiento o somnolencia, dolor de cabeza y vómitos, dificultades para respirar o erupción cutánea.

En lactantes menores de 3 meses o en niños que sufran una enfermedad crónica grave, como inmunodeficiencia, cardiopatía, diabetes o cáncer, la fiebre siempre es un síntoma que hay que consultar con el especialista.

 

 

 

 

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