Probióticos para la salud

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Mié, 06/29/2016 - 17:18

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La microbiota intestinal, denominada popularmente flora bacteriana, es todo el conjunto de millones de microorganismos que colonizan y/o viven en el organismo. Con ellos se establece una relación que beneficia a ambos: ellos obtienen los nutrientes necesarios y nosotros, gracias a su función inmunitaria, metabólica y trófica, un correcto desarrollo de algunos órganos. Sin embargo, para ello es necesario que esta multitud de bacterias de las distintas especies que la conforman se encuentren en equilibrio. Esto significa que unas especies no dominen sobre otras y que haya una flora variada y con gran cantidad de especies diferentes (mayor diversidad). Pero este equilibrio puede correr peligro ante determinadas enfermedades, la toma de fármacos -sobre todo, de antibióticos-, el estrés o la propia alimentación.

Probióticos: qué y para qué son

Según la definición de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) en 2001 (y revisado posteriormente), los probióticos son microorganismos vivos que, si se consumen en cantidades adecuadas, confieren un beneficio de salud en el huésped. Pero para ello deben sobrevivir el paso por el tubo digestivo y llegar vivos al colon, para mejorar la población de bacterias beneficiosas intestinales e incitar su desarrollo.

Pero desde la Sociedad Española de Probióticos y Prebióticos advierten de que estos efectos beneficiosos están relacionados con la especie, su cepa y la cantidad que se ingieran. Y si científicamente se demuestra que una cepa microbiana específica tiene efectos positivos, los resultados no se pueden extrapolar a otras cepas aunque sean de la misma especie. Incluso las evidencias observadas en un grupo de la población no son trasladables a otro grupo de población que varíe en edad (niños o ancianos) o estado fisiológico (embarazadas, lactantes…).

Los probióticos que se utilizan con más frecuencia son los que pertenecen a las especies Lactobacillus y Bifidobacterium, que, a su vez, han sido los que más pronto y más se han usado sobre todo para procesos de fermentación, como el empleado para obtener yogur.  Pero desde la guía de la World Gastroenterology Organisation se insiste en que solo deberían ser considerados como tal aquellos microorganismos vivos que han demostrado su beneficio para la salud en estudios realizados en personas.

Los trabajos científicos llevados a cabo con bacterias probióticas pueden mejorar la función digestiva, aliviar los efectos secundarios del tratamiento con antimicrobianos, ser de ayuda en la reducción del riesgo de ciertas enfermedades infecciosas agudas comunes y mejorar la tolerancia a la lactosa y la función del sistema inmunológico. Otras investigaciones sugieren que algunos géneros de estas bacterias podrían tener un papel importante en la disminución del desarrollo de alergia en población infantil y reducir la colonización del Helicobacter pylori en el estómago, además de mermar el número de recidivas en algunas patologías inflamatorias del intestino.  

Cómo favorecer los probióticos

Los yogures y las leches fermentadas son los probióticos más conocidos y consumidos. El kéfir es otro de los productos estrella en cuanto a contenido de probióticos y, aunque su aspecto recuerde al del yogur, en realidad poco tienen que ver. Es el producto derivado de la fermentación de la lactosa por la bacteria Lactobacillus acidophilus y la levadura Saccharomyces kefir, y en caso del yogur, a la leche pasteurizada se le añade, básicamente, Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus. Además, como explica la dietista-nutricionista Maite Zudaire en 'El kéfir refuerza las defensas', a este producto se le otorgan diversas propiedades beneficiosas.

Sin embargo, a través del proceso de fermentación, las hortalizas y verduras (que una vez fermentadas se denominan encurtidos) se convierten en una fuente interesante de bacterias probióticas pertenencientes a la especie Lactobacillus, como acidofilus, bifidus o  leicmanii, entre otros. Ejemplo de ello son el chucrut (fermentado de repollo o col) y los pepinillos en vinagre, pero también el té kombucha (fermentado que proviene de Asia), el chocolate negro (sin azúcar) y aceitunas de mesa “estilo español o sevillano”.

Otras preparaciones fermentadas interesantes pero menos conocidas en nuestro país son el tempeh (fermentación de habas de soja con un hongo de Rhizopu), el miso (soja y sal marina), el tamari (fermentación de las habas de soja con agua y sal) o el umeboshi (encurtido de ume, una variedad japonesa de ciruela).

 

BIBLIOGRAFÍA:

*Documento de Consenso sobre Probióticos: Probióticos y salud. Evidencia científica. Sociedad Española de Probióticos y Prebióticos http://www.sepyp.es/

*Margarida Mas. Las Maravillas de la flora. Ed. Amat Editorial; 2014.

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