Manejo de la hipercolesterolemia: Colesterol alimentario frente a colesterol plasmático

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Mar, 09/03/2013 - 15:10

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En España, más de la mitad de la población adulta padece hipercolesterolemia. Los niveles de colesterol plasmático están fuertemente influenciados por la alimentación y el estilo de vida. Sin embargo, frente a lo que pudiera pensarse a priori, se ha demostrado que el colesterol presente en los alimentos tiene un efecto sobre los niveles de colesterol plasmático menor que el que ejercen otros componentes alimentarios.

El 52% de las mujeres y el 48% de los hombres españoles presentan niveles de colesterol total de entre 200 y 240 mg/dl, lo que representa una hipercolesterolemia leve-moderada. En la población mayor de 45 años las cifras se disparan: a partir de esta edad el 67% de los hombres y el 70% de las mujeres tienen hipercolesterolemia (1).

Las Guías para el manejo de las dislipemias (Guidelines for the management of dyslipidaemias) publicadas por el grupo de Trabajo de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) y de la Sociedad Europea de Aterosclerosis (EAS) afirman que disminuyendo el colesterol total y el colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad (colesterol LDL) se pueden prevenir las enfermedades cardiovasculares. Estas disminuciones se consiguen con modificaciones del estilo de vida, a lo que se sumaría un tratamiento farmacológico en los casos necesarios (2).

Alimentación e hipercolesterolemia. ¿Qué efecto tienen los diferentes nutrientes sobre los niveles de lípidos plasmáticos?

Uno de los pilares de esa modificación del estilo de vida para la prevención y corrección de la hipercolesterolemia es la adopción de una dieta saludable, adecuada a las necesidades nutricionales de cada individuo en función de su edad, sexo, nivel de actividad, etc. En la determinación de estas pautas de alimentación se ha de tener en cuenta, además, la capacidad que determinados nutrientes tienen para contribuir al aumento o a la disminución de los niveles de colesterol en sangre.

Últimas evidencias sobre el papel de las grasas

Los ácidos grasos saturados (AGS), a excepción del ácido esteárico, aumentan los niveles de colesterol LDL. Los niveles de LDL se pueden reducir al sustituir los AGS por ácidos grasos monoinsaturados (AGM) o ácidos grasos omega-6 (2). Los ácidos grasos omega-3, sin embargo, no tienen un efecto reductor sobre los niveles de colesterol plasmático ni están asociados a una reducción del riesgo cardiovascular. Así lo confirma una reciente investigación publicada en abril del presente año que muestra que la suplementación de la dieta con este tipo de ácidos grasos no mejora los niveles sanguíneos de colesterol total ni de LDL. Este estudio afirma además que los ácidos grasos omega-3 no ejercen efectos saludables a nivel cardiovascular (3). Por su parte, los ácidos grasos trans aumentan los niveles de colesterol LDL (2).

Por otro lado, los niveles de triglicéridos plasmáticos disminuyen con el consumo de AGM (2). En el caso de los triglicéridos también se había hablado de los beneficios de los ácidos grasos omega-3 consumidos a través de alimentos enriquecidos o suplementos, sin embargo, otro estudio pone de manifiesto que la suplementación con ácidos grasos omega-3 tampoco reduce de forma significativa los niveles de triglicéridos (4).

La ingesta recomendada de grasas en la dieta es de 25 a 30% de las calorías totales. El aumento de esta cantidad está relacionado con el aumento de AGS y calorías. Por el contrario, un consumo inferior se ha asociado a un aporte insuficiente de vitamina E y ácidos grasos esenciales, lo que puede provocar cambios indeseables en los niveles de colesterol HDL.

La ingesta de AGS debe ser inferior al 10% o, en personas que padecen hipercolesterolemia, inferior al 7% de la ingesta calórica total. Además se recomienda que la grasa proceda principalmente de ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados.

Las recomendaciones de ácidos grasos omega-3 son de 1 g/día y es importante que la ingesta de ácidos grasos omega-6 no supere el 10% de la ingesta total de energía, ya que podrían darse fenómenos de peroxidación de las lipoproteínas. Esto provoca el descenso del colesterol HDL. Por su parte, el consumo de ácidos grasos trans no debe superar el 1% de la ingesta total (2).

Efecto del colesterol alimentario sobre el colesterol plasmático

El consumo de colesterol presente en los alimentos de origen animal a través de la dieta ha demostrado tener un efecto sobre los niveles de colesterol plasmático menor que el de otros componentes alimentarios como los AGS.

A nivel intestinal se absorbe aproximadamente un 30-40% del colesterol dietético (5), si bien esta tasa de absorción es muy variable según el individuo. Uno de los factores que intervienen en dicha tasa es el consumo de nutrientes que compiten en la absorción del colesterol alimentario, como es el caso la fibra o de los esteroles vegetales (2,5).

Las guías europeas fijan las recomendaciones de ingesta dietética de colesterol en 300 mg al día (2). Por otra parte, numerosos estudios sostienen que un consumo moderado de colesterol en la dieta no supone consecuencias negativas en el control del colesterol plasmático (5).

Hidratos de carbono: la clave está en el índice glucémico y la fibra

El metabolismo de los lípidos y de los hidratos de carbono está estrechamente relacionado. Los alimentos ricos en hidratos de carbono con altos contenidos en fibra soluble son un sustituto ideal de las grasas saturadas. Esto se debe a que los hidratos de carbono tienen un efecto neutro sobre los niveles de colesterol LDL y a que la fibra soluble tiene un efecto hipocolesterolemiante. Por otro lado, se ha observado que el consumo de hidratos de carbono con alto índice glucémico y bajos en fibra, como es el caso de los azúcares simples, está asociado a una reducción de los niveles de colesterol HDL. En el caso de los carbohidratos con un bajo índice glucémico y un alto contenido en fibra, los niveles de HDL no se ven afectados (2).

El consumo de hidratos de carbono con alto índice glucémico y bajos en fibra también presenta efectos perjudiciales en los niveles de triglicéridos: estos mejoran al aumentar el contenido en fibra y al disminuir el índice glucémico. La fructosa, por su parte, a pesar de poseer un índice glucémico bajo, contribuye a la elevación de los triglicéridos (2), por lo que no se debe abusar de los edulcorantes a base de fructosa y de los alimentos que los contienen.

Los hidratos de carbono de bajo índice glucémico deben representar el 45-55% de la ingesta calórica total. En personas con sobrepeso o con niveles de triglicéridos elevados, la ingesta de azúcares simples no debe exceder el 10% de la ingesta calórica (2).

El alcohol también influye

El consumo moderado de alcohol, de dos vasos al día (20-30 g de alcohol/día) en el caso de los hombres y un vaso al día (10-20 g de alcohol/día) en las mujeres, está relacionado con el aumento de colesterol HDL (2). Por otro lado, el alcohol influye de forma negativa en los niveles plasmáticos de triglicéridos.

En la población general, cuando la ingesta de alcohol supera los niveles considerados normales (10-30 g/día), los niveles de triglicéridos pueden verse afectados. Sin embargo, en personas con hipertrigliceridemia, los niveles de triglicéridos se verán más aumentados aunque la ingesta sea menor (2).

Nutrientes para prevenir y tratar la hipercolesterolemia

Las modificaciones de la dieta para mejorar los niveles de lípidos plasmáticos pueden basarse en potenciar el consumo de ciertos alimentos o recurrir a suplementos dietéticos. En el mercado existen numerosos productos funcionales que promocionan efectos beneficiosos para las personas con dislipemias (2), algunos de los cuales están enriquecidos con nutrientes como los fitoesteroles, la proteína de soja o la fibra, que han demostrado ejercer un efecto beneficioso sobre los niveles de colesterol en sangre.

  • Fitoesteroles. El efecto de los fitoesteroles (esteroles y estanoles) sobre las concentraciones de colesterol total radica en que compiten con el colesterol por su absorción a nivel intestinal (2). El consumo de 2 g/día de fitoesteroles reduce los niveles de colesterol LDL una media del 10% (6). Algunos estudios recientes indican que se puede obtener una mayor reducción con el consumo de dosis mayores, especialmente de estanoles (6,7).
    En este sentido, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha publicado una opinión científica en 2012 en la que indica que la ingesta diaria de 3 g de esteroles vegetales o ésteres de estanol conlleva una reducción del colesterol LDL del 11,3 % en 2-3 semanas, una reducción mayor que la lograda por cualquier otro componente alimentario (8).
  • Proteína de soja. Los alimentos a base de soja son un buen sustituto de alimentos ricos en AGS, ya que la proteína de soja reduce de forma moderada el colesterol LDL en personas con hipercolesterolemia (2).
  • Fibra. El consumo de fibra reduce los niveles de colesterol total y de colesterol LDL. Para conseguir efectos notables, el American Institute of Medicine recomienda un consumo de fibra de 30-45 g/día (6).
Tabla 1. Impacto de cambios específicos en el estilo de vida en las concentraciones de lípidos sanguíneos.
Cambios específicos en el estilo de vida Magnitud del efecto
Intervenciones sobre el estilo de vida para reducir
las concentraciones de CT y LDL
Reducción de la ingesta de grasas saturadas +++
Reducción de la ingesta de grasas trans +++
Aumento de la ingesta de fibra ++
Reducción de la ingesta de colesterol ++
Utilización de alimentos funcionales enriquecidos con fitosteroles +++
Reducción del exceso de peso corporal +
Uso de productos con proteína de soja +
Aumento de la actividad física habitual +
Intervenciones sobre el estilo de vida para reducir las
concentraciones de TG
Reducción del exceso de peso corporal +++
Reducción de la ingesta de alcohol +++
Reducción de la ingesta de monosacáridos y disacáridos +++
Aumento de la actividad física habitual ++
Reducción de la cantidad total de la ingesta de hidratos de carbono ++
Uso de suplementos de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 ++
Sustitución de grasas saturadas por grasas monoinsaturadas o poliinsaturadas +
Intervenciones sobre el estilo de vida para aumentar las
concentraciones de HDL
Reducción de la ingesta de grasas saturadas +++
Aumento de la actividad física habitual +++
Reducción del exceso de peso corporal ++
Reducción de la ingesta de hidratos de carbono y sustitución de estos por grasas insaturadas ++
Ingesta moderada de alcohol ++
Entre los alimentos ricos en hidratos de carbono, elegir alimentos con bajo índice glucémico y alto contenido en fibra +
Dejar de fumar +
Reducción de la ingesta de monosacáridos y disacáridos +

 

+: evidencia conflictiva, la eficacia no esta tan establecida por la evidencia/ opinión;

++: efectos menos pronunciados sobre las concentraciones de lípidos, el peso de la evidencia/opinión apoya su eficacia;

+++: acuerdo general sobre los efectos en las concentraciones de lípidos. HDL: colesterol unido a lipoproteínas de alta densidad; LDL: colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad; TG: triglicéridos.

Fuente: Modificada de Reiner Z et al, 2011 (2).

Además de las recomendaciones mencionadas, es importante que la dieta sea variada y rica en frutas y verduras, ya que estas contribuyen a un aporte adecuado de antioxidantes. También se recomienda el consumo de dos o tres raciones de pescado a la semana, mientras que la ingesta de sal debe ser inferior a 5 g/día (2).

Estilo de vida y control de los niveles de lípidos plasmáticos

La actividad física de intensidad moderada practicada de forma regular y el mantenimiento del peso corporal en valores adecuados, junto con unas pautas dietéticas saludables, permiten mejorar el perfil lipídico y reducir otros factores de riesgo cardiovascular. Por ello se recomienda realizar al menos 30 minutos de ejercicio físico al día todos los días de la semana (2).
Eliminar el tabaco también es una medida muy recomendable, ya que se ha observado que el dejar de fumar tiene efectos beneficiosos sobre los factores de riesgo cardiovascular y sobre los niveles de colesterol HDL (2).

Tabla 2. Recomendaciones dietéticas para reducir las concentraciones de colesterol total y colesterol LDL
  Preferiblemente Usar con moderación Usar ocasionalmente en pequeñas cantidades
Cereales Integrales Pan, arroz y pasta, galletas y cereales refinados (no integrales) Pasteles, bollos, empanadas, croissants
Verduras Verduras crudas y cocinadas   Verduras preparadas en mantequilla o nata
Legumbres Todas (incluidas la soja y la proteína de soja)    
Fruta Fruta fresca o congelada Fruta deshidratada, gelatina, mermelada, fruta enlatada, sorbetes, polos de fruta  
Dulces y edulcorantes Edulcorantes no calóricos Sucrosa, miel, fructosa, glucosa, chocolate, caramelos Tartas, helados
Carne y pescado Pescado azul y magro, aves sin piel Cortes magros de vacuno/ternera, cordero y cerdo; marisco Salchichas, embutidos, panceta, costillas, vísceras
Grasas y salsas Vinagre, kétchup, mostaza, salsas sin grasa Aceite vegetal, margarina blanda, salsas para ensalada, mahonesa Mantequilla, margarina sólida, grasas trans, aceite de palma y de coco; m nteca, tocino de cerdo, salsas elaboradas con yema de huevo
Frutos secos/semillas   Todos Coco
Metodos de cocción A la parrilla, hervido, al vapor A la plancha, asado Fritos

 

Fuente: Tomada de Reiner Z et al, 2011 (2).

Referencias

  1. Guallar-Castillón P, Gil-Montero M, et al. Magnitud y manejo de la hipercolesterolemia en la población adulta de España, 2008-2010: el estudio ENRICA. Rev Esp Cardiol. 2012;65(6):551–558.
  2. Reiner Z, Catapano A.L, et al. ESC/EAS Guidelines for the management of dyslipidaemias: the Task Force for the management of dyslipidaemias of the European Society of Cardiology (ESC) and the European Atherosclerosis Society (EAS). Eur Heart J. 2011 Jul;32(14):1769-818.
  3. Root M, Collier SR, et al. A randomized trial of fish oil omega-3 fatty acids on arterial health, inflammation, and metabolic syndrome in a young healthy population. Nutr J. 2013 Apr 8;12(1):40.
  4. Kromhout D, Giltay EJ, Geleijnse JM for the Alpha Omega Trial Group. n-3 Fatty acids and cardiovascular events after myocardial infarction. N Engl J Med 2010; 363:2015–26.
  5. Grupo DORICA. Aranceta J, Foz M y col, editores. Dieta y riesgo cardiovascular: Estudio Dorica II. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2007.
  6. Perk J, De Backer G, et al. European Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice (version 2012). The Fifth Joint Task Force of the European Society of Cardiology and Other Societies on Cardiovascular Disease Prevention in Clinical Practice (constituted by representatives of nine societies and by invited experts). Eur Heart J. 2012 Jul;33(13):1635-701.
  7. Laitinen K, Gylling H. Dose-dependent LDL-cholesterol lowering effect by plant stanol ester consumption: clinical evidence. Lipids Health Dis 2012; 11: 140.
  8. EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition and Allergies (NDA); Scientific Opinion on the substantiation of a health claim related to 3 g/day plant sterols/stanols and lowering blood LDL-cholesterol and reduced risk of (coronary) heart disease pursuant to Article 19 of Regulation (EC) No 1924/2006. EFSA Journal 2012;10(5):2693.
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Comentarios

Imagen de alberto
Se me confunden los tipos y termino no sabiendo que es lo bueno y que es lo malo. Mi cuadro es de hipercolesterolemia y con niveles elevados de trigliceridos. Mi peso es levemente superior a lo aconsejado por el IMC (mido 1,77 y peso 81 kg). Con 60 años, padezco la enfermedad desde los 45. Desde entonces la dieta es a base de comidas al horno, carnes blancas, verduras y frutas- poco pescado y mas carnes rojas. Desayuno con cereales y te negro con leche. Bebidas con alcohol ingesta moderada (no todos los días) nomas de dos vasos al día. La farmacología es ampliar plus 10/10 ( Atorvastatin Cálcico (equivalente a Atorvastatin 10 mg) 10.34 mg; Ezetimibe 10 mg) y una aspirineta por las noches. al mediodía Allopurinol 150 mg (con dosis duplicado cuando hay alguna ingesta capaz de elevar el ácido úrico). Si bien el artículo es extenso y con fundamentos, se vierten conceptos con carácter de certeza pero esto también ocurría cuando se alababan las bondades de los Omegas 3 y otros como la panacea para la enfermedad. Esto nos deja la sensación que lo que ayer se nos inducía a consumir, hoy se ha transformado en intrascendente y y en algunos casos hasta contraproducente haberlo hecho; mañana podría ocurrir lo mismo con lo que hoy aconsejamos. ¡Que dilema !

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