Comer: la importancia de hacerlo despacio

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Jue, 02/04/2016 - 12:32

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Aunque pocos se planteen la importancia de la velocidad a la hora de comer, la realidad es que es un factor de peso en la salud. No solo para el proceso de digestión, como se explica a continuación, sino que comer rápido también se asocia a mayor tasa de obesidad, a la pérdida de las sensaciones organolépticas que aportan los distintos alimentos, al incremento de hipo o gases e, incluso, a poner en peligro la salud (una de las causas más frecuentes de atragantamiento en los adultos son los alimentos mal masticados).

Consecuencias de comer rápido

La verdad es que comer rápido o hasta hartarse no es un hábito demasiado saludable, ya que multiplica por dos la probabilidad de sufrir obesidad. Pero, cuando se hace de forma simultánea -rápido y mucho- las posibilidades de convertirse en una persona obesa se incrementan todavía más, puesto que en menos tiempo se ingieren mayor número de calorías. Comer despacio ayuda a aprovechar los nutrientes de los alimentos y a comer menos cantidad. La explicación la encontramos en el cerebro y responde a mecanismos neurofisiológicos y a respuestas hormonales y de neurotransmisores que están regulados por el centro de la saciedad, en el hipotálamo. Al comer rápido, no se da el tiempo al cerebro a enviar la señal de saciedad, y en pocos minutos se ingieren más calorías de las necesarias. Por el contrario, tomarse el tiempo necesario, siendo consciente de cada bocado y de masticar bien, hace consumir menos calorías. Hay que tener en cuenta que el estómago necesita 20 minutos para establecer que está lleno y enviar la señal de saciedad al cerebro.

Comer despacio también ayuda a tener una buena digestión. Al contrario, comer con prisas, mientras se trabaja y sin poder descansar tras la ingesta, más aun cuando son platos calóricos y grasientos, per se difíciles de digerir, puede provocar sensación de estómago lleno, gases y, en ocasiones, reflujo gastroesofágico, cuando los ácidos del estómago se desplazan hacia el esófago y producen ardor. Masticar mal, a consecuencia de la rapidez, implica saltarse el primer paso de la digestión -que se inicia en la boca con la masticación y la salivación- y los alimentos pasan poco triturados al estómago y la digestión se hace más lenta. Si se mastica poco a poco (unas 20 veces por bocado, según defienden algunos expertos), el organismo pone en marcha un mecanismo –mediado por hormonas y receptores- que activa el proceso de digestión, preparando al estómago, que con la liberación de ácidos y enzimas contribuirán a descomponer los alimentos y aprovechar los nutrientes, depurar las grasas y toxinas e, incluso, a evitar problemas de estreñimiento y de retención de líquidos.

Cómo de rápido comemos

Según datos la Sociedad Española de Nutrición Básica y Aplicada, entre semana, el 33% de los españoles solo dedican 15 minutos para comer al mediodía, y por edades, los que menos tiempo emplean en la comida y la cena son las personas con edades entre 25 y 44 años. Pero la peor parte se la lleva el desayuno, que aunque debería ser una de las comidas más importantes para ayudar a empezar el día con energía, pocos son quienes siguen las recomendaciones de los expertos. Lo habitual es salir hacia el trabajo tras tomar solo un café o alguna de sus variantes. Y en población infantojuvenil, la cifra es impresionante: alrededor de un 8% no desayuna de forma habitual. Además, el estudio Enkid (2001) puso de manifiesto su relación con la obesidad, enfermedad que se ha convertido en una verdadera epidemia en España. El 8,5% de los niños españoles entre 2 y 17 años tiene obesidad y otro 18,2% tiene sobrepeso.

Beneficios del slow food

Como explica en esta entrada la dietista-nutricionista Maite Zudaire, comer despacio, además de todas las ventajas que tiene sobre la digestión, relaja y mejora el ánimo. Por ello, comer despacio debe convertirse en un placer, no solo por el mero hecho de nutrirse, sino para encontrar el placer en la alimentación.

Para ello se hace imprescindible centrarse en la experiencia del comer y poner toda la atención en lo que se come y en sus particularidades. Poner el foco de atención en el gusto, la textura, la apariencia y el aroma permiten experimentar con todos los sentidos y conseguir que la experiencia del comer sea agradable y no un mero trámite para sobrevivir. Variar de alimentos, que a la par que interesante desde el punto de vista nutritivo, consigue experiencias más satisfactorias; no llegar a la hora de la comida muy hambriento; comer en un lugar agradable, sin exceso de ruido; y una buena compañía son aspectos que permiten centrarse en aquello que se come y poder deleitarse con ello.

 

 

 

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