El desayuno de los adolescentes

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Lun, 09/28/2015 - 11:39

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Una reciente investigación, publicada en la prestigiosa revista Journal of Obesity, concluye que un desayuno rico en proteínas evitaría que los adolescentes con sobrepeso ganaran grasa corporal. El trabajo, realizado por la Universidad de Missouri (EE.UU.), ha comparado qué aporta un desayuno con leche y cereales frente a uno con niveles altos de proteína, con huevos, leche y carne magra de cerdo. La primera opción supone un aporte de 13 gramos de proteínas y la segunda, de 35 gramos.

Se formaron tres grupos de participantes -adolescentes que se saltaban esta comida entre cinco y siete veces a la semana-, dos de ellos con los desayunos citados y un tercero que continuó sin desayunar. Durante 12 semanas, los voluntarios debían apuntar cuándo tenían hambre, qué bebían y comían y en qué cantidades. Llevaban un dispositivo que medía sus niveles de glucosa constantemente y se midió el peso corporal al principio y final del estudio.

Los autores afirman que el grupo que ingirió más cantidad de proteínas en el desayuno comió menos durante el resto de día, disminuyó el aporte calórico diario en 400 kcal. y, en consecuencia, redujo también su peso corporal. Por el contrario, quienes tomaban menos proteínas o siguieron sin desayunar subieron de peso. La principal autora del estudio Heather Leidy, profesora en la Facultad de Medicina de la Universidad de Missouri, añade que los primeros tienen unos niveles más estables de glucemia a lo largo del día.

Estos resultados están en sintonía con estudios anteriores que afirman lo poco saludable que es saltarse el desayuno. Hay otras consecuencias de obviar esta comida provocadas por la falta de glucosa después del ayuno nocturno. En edades en que las mañanas se ocupan en el estudio y el aprendizaje, la falta de ‘combustible’ provoca una disminución de la concentración y del rendimiento.  

Desayunar para rendir mejor

En la adolescencia que, además, coincide con una época académica importante, es fundamental empezar el día con un buen desayuno. Sin embargo, esta época vital, por sus características, entraña algunas complicaciones que lo dificultan: el adolescente se vuelve más independiente y cambia sus patrones de alimentación sociales. No es raro o saltarse o cambiar las pautas regulares por las comidas rápidas e, incluso, por picar entre horas fuera de casa.

El rendimiento intelectual y físico, sin desayuno, se ve mermado después de estar de 10 a 12 horas sin comer. No hacerlo provoca un descenso de los niveles de insulina y un aumento de cortisol o de las catecolaminas, que intentan la glucosa a unos niveles aceptables. Estos cambios, a su vez, modifican la conducta y el rendimiento general del organismo.  Pero ahí no queda todo. Además de las citadas consecuencias de subida de peso, no desayunar incrementa las posibilidades de seguir una dieta desequilibrada y de peor calidad (con mayor aporte de grasas, azúcares y faltos de vitaminas, minerales y fibras).

Sin embargo, pretender alcanzar un rendimiento mental óptimo a través de suplementos comercializados para tal fin no es lo más recomendable. La evidencia científica disponible hasta este momento -como bien analiza el también dietista-nutricionista Julio Basulto en este artículo- no apoya el uso de complementos de ácidos grasos omega 3, fósforo, hierro, zinc, yodo o de vitamina B12 para lograr este objetivo.

Y el mejor desayuno es...

La premisa, entonces, es realizar un buen desayuno. Pero eso no significa comer mucho y de todo: hay que ser prudentes con los alimentos procesados y con las cantidades de comida. Entonces, ¿cuáles son las recomendaciones para un desayuno correcto?

Como pauta general se recomienda que incluya un lácteo, un cereal y una fruta, por sus características nutricionales. Sin embargo, la realidad es que, sea por costumbre o por falta de tiempo, esta norma se sigue más bien poco. Pero no hacerlo, si se lleva una dieta sana y equilibrada, tampoco es un problema, puesto que queda todo el día para incluir en las distintas comidas lo que no se haya aportado por la mañana. Frente al tradicional café con leche, tostadas con mantequilla y mermelada o cereales, también son una buena opción las bebidas vegetales, los frutos secos, los bocadillos salados, las compotas o el yogur, entre otros. Como apunta la dietista-nutricionista Maite Zudaire en este artículo, las opciones son tan variadas, que lo importante es que se ajuste a las necesidades individuales.

 

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