Hidratación en invierno

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Mié, 03/02/2016 - 09:40

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La hidratación es fundamental para el correcto funcionamiento del organismo. Sin embargo, a tenor de los resultados de algunos estudios llevados a cabo en nuestro país, el 70% de los españoles no beben ni dos litros de líquido al día y el 36% solo bebe cuando tiene sed, que es señal de que ya se ha iniciado un proceso de deshidratación que puede comprometer diversas funciones corporales. Distintos organismos oficiales estiman que son necesarios de dos a tres litros diarios, según la edad, la actividad física y la temperatura ambiente, incluso en invierno.

Beber la suficiente agua ayuda al sistema vascular: aunque parezca una paradoja, beber agua ayuda a mejorar la circulación, puesto que se diluyen las sales minerales, se eliminan más fácilmente y evita la retención de líquidos. Además, ayuda a fluidificar las secreciones que acompañan a catarros y resfriados, más habituales en esta época. Por otro lado, las calefacciones y los aires acondicionados resecan el ambiente, por lo que no hay que olvidar la hidratación, más todavía si se está acatarrado o febril.

Una persona debería ingerir unos tres litros de líquido cada día, en forma de bebida y a través de los alimentos. El agua que se bebe pasa de los intestinos a los vasos sanguíneos y, de allí, a las glándulas sudoríparas y la piel, donde se evapora, produciendo un efecto refrigerante. La pérdida de agua provoca una concentración anormal de los líquidos del cuerpo, que si se prolonga da lugar a la deshidratación. En ese momento empiezan a aparecer los primeros signos y síntomas: fatiga, mareo, náuseas, aumento de la temperatura corporal, enrojecimiento de la piel, dolor de cabeza, sensación de sed, hormigueo en extremidades y calambres. Si la situación no se revierte, la persona puede manifestar aturdimiento, alteración de la visión e, incluso, pérdida de consciencia.

Hidratación en ancianos

En las personas ancianas el agua corporal disminuye y la sensación de sed desaparece. Por este motivo, configuran un sector de la población muy susceptible a la deshidratación: como no perciben la sed, es más fácil que se deshidraten. La deshidratación en personas de edad avanzada se asocia a infecciones e, incluso, a mortalidad, tanto en pacientes con enfermedades crónicas como con patologías agudas.

Pero, además, tal y como advierte el documento "Hidratación en las personas mayores" del Observatorio de Hidratación y Salud (OHS) -institución científico-técnica que busca mejorar el conocimiento sobre hidratación-, los ancianos presentan más riesgo de sufrir pérdidas de líquido debido a distintas situaciones y enfermedades: vómitos, fiebre, diabetes mal controlada, algunos medicamentos como los diuréticos que provocan que se orine demasiado, diarrea, disfagia o alteraciones de la deglución, incapacidad de acceder al agua, ya sea por disminución de la movilidad, por deterioro cognitivo (demencia) o sensorial.

Por ello, se hace imprescindible insistir en la necesidad de mantener la hidratación adecuada y de beber aunque no se tenga sed. Las necesidades en este grupo de población se estiman sobre el litro y medio de líquido al día, que puede ser en forma de agua, infusiones, zumos de fruta, leche o caldos, sin olvidar incluir en la dieta alimentos como verduras y frutas. Las personas que estén a cargo de ancianos deben ofrecer de manera continuada líquidos.

Primeros signos de deshidratación

La deshidratación puede ser leve, moderada o grave, según la cantidad de líquido corporal que se haya perdido y que no se haya repuesto. La deshidratación grave es una situación de emergencia potencialmente mortal en la edad avanzada. La deshidratación en personas mayores es de fácil identificación, puesto que los signos son muy evidentes: piel seca y arrugada, orina muy concentrada (debido a la menor cantidad de agua, se torna un color amarillo oscuro, ámbar o marrón  y su olor es muy intenso), ojos hundidos, sequedad de la mucosa de boca y nariz, respiración acelerada, mareo y confusión mental. 

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