La dieta española, cada vez más lejos de la Mediterránea

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Lun, 12/28/2015 - 09:57

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La Dieta Mediterránea es una inestimable herencia cultural. Es tal su valor que, en 2010, la Unesco aprobó su inscripción en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, al considerar que es un bien que se transmite a través de las distintas generaciones. La evidencia científica también ha desempeñado un papel importante para colocarla en el lugar que merece. Sin ir más lejos, el estudio PREDIMED ha aportado evidencias científicas de que la Dieta Mediterránea reduce todos los factores de riesgo cardiovascular por los efectos antiinflamatorios y antioxidantes que proporcionan los alimentos que incluye, como el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos y las cinco raciones de fruta y verdura: se ha demostrado ser efectiva contra enfermedades cardiovasculares, las neurodegenerativas e, incluso, contra distintos tipos de cáncer.

Sin embargo, a pesar de todas estas bondades que se han divulgado a bombo y platillo, en España, los índices de adherencia a este patrón alimentario son cada vez más bajos, sobre todo entre la población de adultos jóvenes. En el marco del taller “Evaluación Nutricional y de estilos de vida de poblaciones” realizado hace poco por la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT) y la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), los expertos pusieron de manifiesto la preocupación de que la dieta española cada vez está más cerca del modelo occidental globalizado, que entraña un gran consumo de alimentos de origen animal y poca ingesta de frutas y verduras, situación que también se da en otros países como Argentina y Chile.

En España, la información proporcionada por las encuestas de salud que realizan diversos organismos aporta un mensaje poco optimista: el porcentaje de personas que sigue el patrón alimentario de la Dieta Mediterránea es menor entre los jóvenes. De hecho, es más usual a medida que se incrementa la edad de los encuestados.

Los peligros de la dieta occidental

En los últimos años la alimentación en España ha ido cambiando y el ritmo de vida de las sociedades desarrolladas no ha hecho sino facilitarlo. En el día a día, gobernado por la prisa, la opción más fácil y rápida es consumir alimentos de baja calidad nutricional, con demasiadas grasas, sobre todo saturadas, sal, azúcares y proteínas animales. Así, poco a poco, nuevas pautas de alimentación –también en el seno de la familia- han ido ganando terreno y se han instaurado en la población.  

El consumo de azúcar refinado se ha incrementado de forma exponencial, debido a que se encuentra más o menos oculto en una larga lista de alimentos industriales procesados, en bebidas gaseosas y zumos de frutas industriales. Su exceso se asocia a la obesidad y a un mayor riesgo de sufrir enfermedades crónicas, como las cardiovasculares, el cáncer o la diabetes tipo 2.

También ha aumentado la ingesta de alimentos ricos en grasas trans, como la bollería industrial, derivados cárnicos, snacks, productos preparados o precocinados, palomitas, etc. Como explica en esta entrada reciente Julio Basulto, las grasas trans, sobre todo las que provienen de la hidrogenación, son las más peligrosas para la salud. El proceso industrial de hidrogenación sirve para conferir a los aceites grasos insaturados, mayoritariamente de origen vegetal, estabilidad y consistencia. Algunos estudios estiman que la ingesta diaria de cinco gramos de grasas trans es suficiente para incrementar un 25% el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

En los países desarrollados la mayoría de las personas consumen más proteína de la necesaria, a través de la ingesta de carne. Carnes, pescados, huevos, leche, yogur y queso son habituales de la dieta usual, pero comerlos cada día supone mucho más de lo tenido por saludable. Estas proteínas de origen animal vienen de la mano de más calorías, grasas saturadas y colesterol, entre otras. Una ingesta superior se asocia a sobrepeso y obesidad, a enfermedades cardiovasculares y renales e  hipertensión, entre otras; todas patologías con gran carga en los sistemas de salud de las sociedades desarrolladas. Pero un exceso de proteína animal también se relaciona con mayor riesgo de fracturas.

El exceso de calorías de esta dieta más occidental, mal equilibrada y poco saludable, junto con llevar una vida sedentaria conducen irremediablemente hacia la obesidad, la gran epidemia del siglo XXI. Hay estudios que apuntan que sufrir sobrepeso u obesidad aumenta el riesgo de fallecer de manera prematura, esto es, antes de los 70 años. Aun así, la tendencia de los habitantes de países desarrollados como el nuestro es adoptar estos estilos de vida poco saludables que hacen incrementar los factores de riesgo como sedentarismo (en el trabajo, la escuela, en las actividades de ocio), obesidad, hipertensión e hiperlipemia entre otros, que tienen un gran impacto en nuestra sociedad. No hay que olvidar que  España, hoy por hoy, es uno de los países con más sedentarismo de la Unión Europea.

Por todo, se hace imprescindible seguir una alimentación correcta, variada y completa, y la Dieta Mediterránea es un claro exponente de ello, ya que, además de su riqueza gastronómica, ha demostrado que reduce el riesgo de sufrir numerosas enfermedades.

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