“Los trastornos de la alimentación en la primera infancia tienen mucho que ver con aspectos educacionales”

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Mar, 10/15/2013 - 16:41

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"Los trastornos de la alimentación en la primera infancia tienen mucho que ver con aspectos educacionales"

Dra. Consuelo Pedrón Giner. Doctora en Medicina, especialista en Pediatría. Coordinadora de la Unidad Funcional de Trastornos de la Alimentación en la Primera Infancia en el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid.

Los primeros años de vida son una época trascendental para establecer las pautas de la conducta alimentaria de los niños y de los futuros adultos. En ocasiones, durante la primera infancia se presentan problemas relacionados con la comida, como la aversión a ciertos alimentos o la falta de apetito. Algunas de estas dificultades pueden ser indicativas de una enfermedad, por lo que es importante prestarles atención. Los profesionales de la salud especializados sabrán diagnosticar y tratar estos problemas de la forma más adecuada, determinando si su causa es educacional, psicológica u orgánica. La Dra. Consuelo Pedrón, como coordinadora de una Unidad de Trastornos Alimentarios en la Primera Infancia de referencia, nos cuenta en qué consisten estos y como abordarlos de forma temprana.

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Los trastornos de la alimentación en las edades más tempranas, ¿son similares a los que se pueden desarrollar en edades más tardías, como en la adolescencia o en la etapa adulta?

No, son unos tipos de trastornos completamente distintos. Los trastornos de la conducta alimentaria en el niño pequeño, que se diagnostican en niños por debajo del los 6 años, tienen que ver con algo más global que comprende también la relación del niño con su madre y la influencia que la familia o los cuidadores ejercen sobre él. En ellos es obligado controlar a la familia e incluirla dentro de los tratamientos. Por otra parte, hay que señalar que estos trastornos pueden darse tanto en niños con alguna enfermedad como en niños completamente sanos. Esto los diferencia por completo de los trastornos de la adolescencia o del adulto.

¿Cuáles son las dificultades más comunes en la alimentación en niños?

Es difícil mencionar solo algunas porque existen muchos criterios de diagnósticos y nombres, que no son aceptados por todas las escuelas, y hay denominaciones que significan cosas distintas dependiendo de la nomenclatura que se esté usando. Concretamente, en el Hospital nosotros usamos la clasificación de Chatoor, psiquiatra norteamericana, que distingue estos trastornos en función de la edad a la que aparecen y de la existencia o no de una enfermedad como base del problema. En relación a esto último, hay que tener en cuenta que una patología digestiva o alérgica puede ser lo que provoque una serie de molestias al comer ciertos alimentos y produzca una aversión. Algunos trastornos se manifiestan en pacientes que tienen dificultades para establecer el ritmo de hambre y saciedad, así como el del sueño. Otros son los que aparecen en la etapa en la que se comienza la alimentación complementaria y que probablemente son los más prevalentes, como la anorexia infantil -que no es la anorexia nerviosa de los más mayores-, y las aversiones alimentarias sensoriales. Existen además los trastornos post-traumáticos y también los que tienen su causa en enfermedades crónicas.

¿Suelen ser estos problemas indicativos de otra enfermedad?

En ocasiones sí. Puede, por ejemplo, que el niño haya debutado en una enfermedad celiaca y por eso no tenga hambre. Por ese motivo los trastornos de la alimentación del niño pequeño siempre tiene que verlos primero un médico, ya que es necesario descartar que existan enfermedades orgánicas. De haber una, comprobará si con el tratamiento de la enfermedad el trastorno desaparece o si, por el contrario, es necesario implicar a la familia porque el trastorno se ha cronificado. Además hay que averiguar si los padres han tomado alguna decisión que no es la que más conviene para el niño como, por ejemplo, no haberle puesto límites o permitirle que coma solo los cuatro alimentos que le gustan.

Entonces, aparte de los aspectos fisiológicos que pueda haber detrás de estos problemas, una parte importante tiene que ver con el contexto y con aspectos psicológicos. ¿Es así?

Sí, con aspectos educacionales sobre todo. Cada vez vemos más niños que tienen problemas a la hora de alimentarse. Los padres lo viven fatal, pero también son incapaces de imponerles un orden y de ponerles límites, algo que el niño necesita. Ahora hay muchos padres que no saben hacer eso. Estamos probablemente en la fase de un péndulo opuesta a la de hace unas décadas, cuando los padres eran totalmente inflexibles. Ni un extremo ni el otro son los idóneos, sino que hay que buscar un término medio.

¿Qué peso tiene el periodo de la lactancia y la relación del niño con la madre en la aparición de estos trastornos?

No solamente en la alimentación, sino en el desarrollo general de todos nosotros, la relación con nuestra madre o nuestro cuidador nos marca para toda la vida. Cómo viva la madre los problemas que se le van planteando es fundamental. Cuando un profesional “rasca” encuentra que muchos problemas, no solo de la alimentación en el niño pequeño, sino también de otro tipo, tienen como base cosas que han ocurrido durante periodos muy tempranos de la vida y que no se han solucionado correctamente. En cuanto a la lactancia materna, esta es el mejor alimento para el niño, pero tan buena es una madre si le da el pecho al niño como si, por el motivo que sea, le tiene que dar biberón. Aunque lo deseable sea la leche materna, en los países occidentales tenemos fórmulas muy bien desarrolladas para sustituirla. Actualmente, a veces se hace una defensa de la lactancia materna desmesurada: la leche materna es lo mejor, pero como lo mejor es enemigo de lo bueno, buscando la lactancia a toda costa pueden aparecer problemas, como que no se esté regulando los ritmos o no se introduzca la alimentación complementaria cuando toca.

A menudo a los niños les cuesta tomar ciertos alimentos. También son numerosos los casos de pequeños para los que el momento de la comida conlleva pataleos y rabietas. ¿Cuándo deberían preocuparse los padres y acudir a una consulta especializada?

Si un niño tiene problemas para alimentarse lo primero que hay que hacer es ir al pediatra, quien, a partir de una buena historia, podrá ver claramente si hay algún dato que sugiera que ese comportamiento no es un capricho. Hay muchos niños que llegan a la consulta y que son unos caprichosos maleducados: se han acostumbrado a que si no les gusta comer una cosa no se la dan. Ahora bien, todos los niños deben comer de todos los grupos de alimentos, pero eso no quiere decir que tengan que comer de todos los alimentos. Si toman verduras pero hay dos o tres que no les gustan, no habría por qué preocuparse. Otra cosa es que no coma ninguna verdura o ningún pescado. Cuando se trata de un problema de educación el pediatra intentará orientar en ese sentido, pero el trabajo será de los padres. Otras veces hay datos que nos hacen sospechar que pasa algo más. Por ejemplo, en pacientes que vomitan mucho, que no cogen peso, que son excesivamente limpios y que en cuanto se ensucian un poco se ponen nerviosos, que comen de un solo tipo de alimentos porque los padres han sido incapaces de diversificarles más la alimentación. En algunos niños una aversión alimentaria puede estar relacionada con Trastornos del Espectro Autista y a los padres nadie les ha advertido que precisamente estos problemas en la alimentación son típicos.

¿Cómo se diagnostican los trastornos de la alimentación en la infancia?

En el diagnóstico lo fundamental es la historia, es decir, preguntarle a los padres qué cosas le ocurren al niño, cómo eso repercute en la convivencia familiar y en el día a día, si le dan al niño lo que pide con tal de que coma, si le tienen que dormir para darles de comer cuando son lactantes, etc. Los vómitos frecuentes y las aversiones conducen al diagnóstico de este tipo de trastornos, pero también lo que se observa en los propios padres, que muchas veces llegan a la consulta llorando. A ellos también hay que atenderles, explicarles lo que ocurre e implicarles en el tratamiento.

¿En qué consisten los tratamientos más efectivos para corregir estos problemas?

Lo primero que hay que hacer es descartar que el niño tenga una enfermedad orgánica además del trastorno. Tenemos que monitorizarle para controlar que siga creciendo y engordando. Los padres tienen que seguir las pautas que les marcamos hasta el siguiente periodo o la siguiente consulta, que será relativamente cercana en el tiempo. Cuando hace falta, también participa en el tratamiento un psicólogo clínico, que complementa las indicaciones del pediatra con un enfoque psicológico y da una serie de instrucciones para la educación y el cuidado. Por otra parte, contamos con una logopeda, especialmente en los casos de niños que nunca han comido por la boca porque han llevado una gastrostomía desde el nacimiento. Son niños que rechazan cualquier alimento que se les acerca a la boca, así que es necesario trabajar con ellos para que aprendan a alimentarse por esa vía y a reconocer las sensaciones de saciedad y de hambre. Tras una preparación previa, la logopeda es la que, junto con los padres, comienza a dar alimentos por vía oral al niño para pasar a hacerlo directamente los padres, primero en la consulta y luego en casa. Así, poco a poco, se va recuperando el tiempo perdido.

El trabajo no solo con los niños, sino también con los padres, es un factor fundamental para conseguir una mejora. Pero, ¿cómo se puede conseguir que estos progresos se mantengan en otros contexto, como en la guardería o en el colegio?

Si, después de un trabajo previo, se valora que el tratamiento de mantenimiento puede continuarse en la guardería o colegio, nos ponemos en contacto con ellos para darles una serie de instrucciones. Esto suelo hacerlo la logopeda. Cuando el niño no come ni en la guardería ni en el cole entonces tendrá que venir a la hora de la comida o a media mañana a comer en el hospital. A medida que vayamos viendo progresos comenzará a comer un día allí, empezando por los alimentos que le resulten más fáciles. Poco a poco se irá quedando más días, hasta que ya podamos darle el alta.

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En la actualidad, cada vez son más los niños que presentan obesidad e hipertensión, enfermedades antes casi exclusivas de los adultos. ¿Qué medidas cree que podrían ser eficaces para contrarrestar este grave problema de salud pública?

Un factor fundamental son los hábitos alimentarios y qué comen los niños. En este aspecto hemos empeorado llamativamente. Actualmente se come mucha proteína, mucha grasa, mucha sal, mucho alimento envasado, muchísimo zumo. En general, los niños hacen una ingesta calórica excesiva. Además en algunas familias no se cocina de forma adecuada y no se sabe alimentar bien a los niños porque nadie les ha enseñado. A esos niños tampoco les educamos para el ejercicio. Hay padres que cada vez que un niño llora piensan que es porque tiene hambre y recurren al biberón, o prefieren retrasar la alimentación con trocitos porque el niño come menos que cuando se les da puré. Estos niños a los que se les fuerza a acabarse siempre todo pierden además las nociones de hambre y saciedad. Entonces se está fomentando una obesidad de forma muy temprana porque no se está educando. Por eso es importante educar a los padres para que respeten el apetito de los niños (siempre y cuando estén comiendo una cantidad prudente). Deberíamos cambiar el “chip” respecto a lo que están comiendo nuestros niños y abordar cuestiones que tienen que ver con la educación y con los mensajes en los medios, porque este es un problema de salud pública importantísimo.

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Dra. Consuelo Pedrón Giner

Especialista en Pediatría (MIR Clínica Infantil La Paz). Doctora en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Madrid. Profesora Asociada del Departamento de Pediatría de la Universidad Autónoma de Madrid. Acreditación en Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica y en Errores Innatos del Metabolismo.

Trabaja desde 1989 en la Sección de Gastroenterología y Nutrición del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid, siendo responsable de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética. Es además Coordinadora de la Unidad Funcional de Trastornos de la Alimentación en la Primera Infancia y Directora de los Cursos Inmaculada Azcorra relacionados con las dificultades en la alimentación en niños pequeños.

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Categoria

Especiales

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