Alimentación complementaria en el lactante

Montse Arboix

usuario

(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Sáb, 10/08/2016 - 13:17

0 comentarios

valoración 0 / 5

Alimentar al bebé con lactancia materna

La leche materna es el mejor alimento para un lactante durante los primeros meses de vida. De hecho, es la manera más natural y saludable de alimentar a los bebés. La evidencia científica señala que aporta numerosos beneficios para la salud física y psíquica de los niños y de las madres. La lactancia materna favorece la relación entre ambos y da continuidad al vínculo afectivo que empieza durante la gestación. También se ha reportado que. a mayor duración de la lactancia, menos incidencia de enfermedades.

La forma más idónea de dar de mamar al bebé es a demanda ya que, de este modo, se regula la producción de leche según las necesidades del niño y se asegura que ingiere leche del inicio al final (que tiene una composición distinta) y ayuda al vaciado completo del pecho, lo que evita problemas de mastitis. Otro de los beneficios de la lactancia materna es la comodidad que ofrece: pasado el periodo de adaptación tras el parto, la madre puede hacer vida normal. Lactar en público no debe ser un problema para ninguna madre. En realidad, todo lactante tiene el derecho de ser amamantado cuando precise y cualquier madre, el derecho de hacerlo en cualquier lugar y momento.

Lo idóneo sería mantener la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida del bebé y luego prolongarla, junto con la alimentación complementaria, al menos hasta los dos años. Hay niños que lo hacen más allá de esta edad y otros, que terminan antes. En todo caso, el destete debería ser lo más natural y fluido posible: lo idóne sería que desde el nacimiento hasta los seis meses de edad la leche materna fuera el alimento fundamental para el bebé. A partir de este momento y una vez iniciada la alimentación complementaria se debe ofrecer siempre primero el pecho, para asegurar la ingesta de un mínimo adecuado de leche al día y el mantenimiento de la producción de la leche materna. Cuando se inicie el proceso de destete se puede dar como postre tras las comidas. Y, eso sí, teniendo en cuenta que es necesario hacer unos ajustes nutricionales y psicológicos en la madre y el bebé, según advierten desde la Asociación Española de Pediatría.

La alimentación complementaria: en qué consiste

Una vez que la leche materna no es suficiente para cubrir las necesidades del pequeño, hay que empezar a introducir alimentos que la complementen. Esta transición de la lactancia exclusiva hacia la alimentación complementaria comienza a los seis meses, cuando se introducen alimentos variados, de distintas consistencias y en cantidades adecuadas, aunque sin abandonar la lactancia.

Pero, ¿cómo se hace? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo mejor es que se empiece progresivamente: entre los 6-8 meses, unas dos o tres veces al día y, a partir de los 9 meses, ir incrementando hasta tres o cuatro veces al día.

El orden de introducción de los distintos alimentos puede variar según el niño, y es el profesional de salud (enfermera o pediatra) quien aconsejará la mejor manera de hacerlo. Una premisa que hay que tener en cuenta es que esta introducción se haga de forma individual, esto es, cada 3-5 días introducir un alimento diferente para poder detectar con más fácilidad posibles alergias.

En un documento realizado por el Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría y la Asociación Valenciana de Pediatría de Atención Primaria proponen empezar con los siguientes alimentos:

Cereales (primero sin gluten y, más tarde de manera gradual, introducir los que llevan gluten), carne (primero pollo y después cordero, ternera…) y pescado blanco (merluza, bacalao, lenguado…) acompañados de verduras y papilla de frutas. Cuando estos alimentos ya formen parte de la dieta habitual del lactante, poco a poco se pueden ir introduciendo el yogur y los quesos, en pequeñas cantidades.

A partir de los 8-9 meses de edad se puede ofrecer la yema de huevo cocida, mezclada con la papilla de verdura, en sustitución a la carne o el pescado, o en las sopas, sin sobrepasar las tres unidades a la semana. Una vez que acepta las yemas, se puede empezar con la clara cocida.

A partir de que el niño cumple su décimo mes de vida, se aconseja que las papillas sean más granuladas para que se vaya acostumbrando a las diferentes texturas y dejar que él mismo agarre trozos de comida para metérselos en la boca. Las legumbres se pueden introducir a partir de los 10-12 meses, mejor peladas o pasadas por el colador chino, y, a partir del año, el pescado azul de tamaño pequeño.

Eso sí, hay que tener en cuenta que hay alimentos desaconsejados para los bebés en este periodo de alimentación complementaria –como la sal, el azúcar, la miel, los frutos secos enteros, el marisco y las algas, entre otros- que detalla en esta entrada el dietista-nutricionista Julio Basulto.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

*Organización Mundial de la Salud. Complementary feeding: family foods for breastfed children.
*Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría. Lactancia materna a demanda. Recomendaciones (2013).

Valoración: 

Sin votos

Añadir nuevo comentario

(If you're a human, don't change the following field)
(If you're a human, don't change the following field)
(If you're a human, don't change the following field)
Reglas de participación