Alimentación infantil y restaurantes

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Jue, 09/22/2016 - 12:32

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Salir a comer a un restaurante con los niños suena, a priori, como una muy buena opción para compartir tiempo y espacio con la familia. No obstante, para asegurar el éxito es fundamental escoger bien el local para ir a comer, a fin de que se adecue a la edad del pequeño, su comportamiento y sus necesidades. Parece obvio, dejando el factor nutricional de lado, que si el niño no puede permanecer demasiado tiempo sentado o quieto, lo conveniente es optar por lugares de comida rápida o con espacios adaptados para que juegue mientras el resto de la familia termina de comer. No obstante, además del espacio físico, hay otros factores que hay que tener en cuenta, como el menú que muchos establecimientos tienen diseñados para los más pequeños, que muchas veces, se aleja -y mucho- de las características de la alimentación sana y equilibrada.

El menú ¿infantil?

Para empezar: sopa (pocas veces) o pasta (cuya opción más utilizada son los macarrones). De segundo: pollo, escalope, hamburguesa o lomo en sus versiones frito o empanado, croquetas o huevos fritos acompañados de patatas fritas y un refresco (bebida azucarada). Y para terminar: helado, natillas o pastel. Este sería el menú estándar que la mayoría de los establecimientos de comida ofrecen para los más pequeños de la casa. Su mejor baza: resultan económicos y a los niños les encanta.

Sin embargo, no hay ni verduras ni fruta fresca ni preparaciones alejadas de la socorrida fritura (como podrían ser el asado, el vapor o el crudo). Además, muchas veces superan con creces tanto los requerimientos de energía, grasa y proteínas, como las cantidades óptimas. Como explica la dietista-nutricionista Maite Zudaire en esta entrada, estos menús suponen más inconvenientes que virtudes, sobre todo si no se hace un uso racional:

-      No se da la opción al niño de experimentar con nuevos sabores y texturas, ni de comer como sus mayores aunque en menor cantidad.

-      Es un aporte exagerado de energía y nutrientes. Pero como el índice glucémico es elevado, son alimentos que se procesan muy rápido y el pequeño vuelve a sentir hambre a las pocas horas.

Sin embargo, los expertos en alimentación infantil sugieren aprovechar estas salidas y convertirlas en una oportunidad para que los más pequeños se animen a degustar distintos platos a los que están acostumbrados y a disfrutar de una comida diferente.

La influencia de la publicidad en las comidas

A pesar de los inconvenientes de esta sobrealimentación, la publicidad hace flaco favor al seguimiento de una alimentación sana y equilibrada fuera de casa, sobre todo en la población infantil y juvenil. Diversos estudios muestran que la publicidad determina en alto grado las preferencias alimentarias de la población en general, siendo más vulnerables cuantos menos años tiene su público. Y utiliza varios medios para captar su atención: el uso de mascotas, personajes famosos o regalos, sea por Internet, redes sociales, televisión, en las escuelas e, incluso, en los centros de salud. Es tanto su alcance que muchas asociaciones médicas de prestigio ya consideran la publicidad como un importante factor de riesgo para la obesidad.

Incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace unos años se hizo eco de esta situación. Consciente de que la promoción de productos ricos en grasas, azúcar o sal altera los esfuerzos realizados para comer sano y mantener un peso adecuado, sobre todo en los niños, llevó a cabo un documento con 12 recomendaciones, a fin de rediseñar las políticas existentes o crear nuevas para los mensajes publicitarios de alimentos dirigidos a los pequeños. En concreto, la recomendación número cinco reza así: “Los entornos donde se reúnen los niños deben estar libres de toda forma de promoción de alimentos ricos en grasas saturadas, ácidos grasos o trans, azúcares libres o sal. Dichos entornos incluyen, sin carácter limitativo, guarderías, escuelas, terrenos escolares, centros preescolares, lugares de juego, consultorios y servicios de atención familiar y pediátrica, y durante cualquier actividad deportiva o cultural que se realice en dichos locales”. Desde la OMS instan también a los gobiernos de los distintos países a reformular las políticas y a ser parte interesada en su aplicación, vigilancia y evaluación.

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