Cómo conservar los alimentos

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Mié, 07/20/2016 - 14:02

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Seguir unas pautas de conservación de alimentos adecuadas en casa es fundamental para evitar que estos se deterioren pero, más aún, para que no se conviertan en un foco de toxiinfección. En este escenario, son factores clave la temperatura, el tiempo y el envase utilizado. Pese a que en el ámbito doméstico conservar los alimentos no es tarea complicada, vale la pena tener en cuenta algunos aspectos que minimicen el riesgo de sufrir una toxiinfección alimentaria, ya que una inadecuada práctica a la hora de manipular los alimentos es una de las principales causas.

Debido a que los alimentos se estropean por culpa de los patógenos, mantenerlos a raya es fundamental. Aquí entran en escena el tiempo y la temperatura. A temperatura ambiente, los microorganismos se multiplican a los pocos minutos. Por el contrario, si el alimento está refrigerado, la velocidad de propagación disminuye y, si se congela, este proceso se detiene.

Pero no todo es introducir los alimentos en la nevera. Pese a que el frío es de gran ayuda en esta cruzada contra los patógenos, hay que tener en cuenta que no los destruye, como describe Marta Chavarrías en esta entrada.

Por ello una buena conservación, además, mantiene las propiedades organolépticas y nutritivas preservadas. Aunque también hay que tener en cuenta que no todos los alimentos tienen una velocidad de deterioro igual.  Los que más rápido pierden sus cualidades son los frescos, como el pescado, la carne, las verduras, la leche y los huevos; después, los alimentos cocinados y las salsas; y, por último, los que más tardan en deteriorarse son la miel, la sal y el azúcar o las mermeladas, entre otras.  

Conservar las sobras con seguridad

Para sacar provecho a las sobras de comida sin correr riesgos innecesarios, hay que seguir una serie de medidas de higiene y conservación. Desde la European Food Information Council (EUFIC) insisten en que los alimentos, una vez han sido cocinados, hay que refrigerarlos en un plazo de dos horas (o una si las temperaturas son elevadas, como sucede en verano). Si esto no es posible, no se pueden volver a utilizar y habrá que rechazaros porque su consumo puede ser peligroso.

Las sobras deben guardarse en recipientes limpios, nunca en el que se ha utilizado para cocinar o servir. Los alimentos sobrantes es mejor repartirlos en porciones pequeñas para que se refrigeren más rápido y dejar espacio alrededor del recipiente al colocarlo en la nevera o el congelador. Lo idóneo sería enfriar los alimentos antes de congelarlos, para no alterar su estructura.

Pese que algunos alimentos cocinados se mantienen en buen estado de tres a cinco días en la nevera, desde esta organización se insiste en la importancia de consumir las sobras en un plazo de dos días, para disminuir el riesgo de toxiinfección alimentaria. Si no es posible, hay que congelarlos.

También el momento de reutilizar las sobras es importante: al recalentar, hay que dejar que salsas, sopas y jugos entren en ebullición o que el alimento se caliente por todas partes a  75 ºC -lo mejor es no hacerlo en más de una ocasión-. Y, ante la duda de su inocuidad, lo mejor es desecharlos.

El lavado de manos, fundamental

La mayoría de intoxicaciones alimentarias suelen generarse en el hogar debido a la falta de higiene en la cocina. Las manos son el vehículo habitual por el que se transmiten los microorganismos patógenos a los alimentos.

Para evitar las contaminaciones alimentarias la primera gran medida es lavado de manos antes de preparar alimentos, durante su preparación si se manipulan alimentos crudos y/o se alterna con cocinados y, por supuesto, también siempre antes de tocar algún alimento o utensilio de cocina, de poner la mesa o comer. También lo es siempre después de ir al baño, manipular la basura, limpiar a los niños o manipular pañales o dinero, fumar, estornudar, toser o sonarse, estar con un enfermo, jugar al aire libre, al volver a casa y acariciar a la mascota.

Los estudios científicos han demostrado que el simple lavado de manos es una de las medidas más eficaces y barata en la reducción de las infecciones, sean alimentarias, nosocomiales e, incluso, las provocadas por gérmenes multirresistentes.

 

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