Dejar que el bebé coma solo

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Jue, 01/26/2017 - 15:06

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A estas alturas ya nadie discute que la lactancia materna exclusiva es la mejor opción para alimentar a un bebé, puesto que cubre todas sus necesidades energéticas hasta los seis meses de vida y como acompañamiento a la alimentación complementaria hasta que el lactante cumpla los dos años. A partir de los seis meses, se considera que hay que empezar a introducir alimentos variados, de distintas consistencias y en cantidades adecuadas, que la complementen.  

El orden de introducción de los distintos alimentos puede variar según el niño, pero lo mejor es que se haga de forma individual, es decir, que cada 3-5 días se dé a probar un alimento distinto para ayudar al pequeño a acostumbrarse al sabor y, también, para poder detectar con más facilidad posibles alergias.

La edad mínima en la cual se pueden comer ciertos tipos de alimentos viene determinada por el desarrollo neuromuscular del pequeño. Según el documento 'Principios de orientación para la alimentación complementaria de niños entre los 6 y los 24 meses' de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque hasta que el menor logre la capacidad de masticar son necesarios los alimentos semisólidos o purés, también insiste en que es importante introducir alimentos con textura grumosa antes de los 10 meses de edad, para evitar el riesgo de que el pequeño tenga dificultades en acostumbrarse a los sólidos, y solo quiera alimentos en papilla o puré.

Método ACS: aprender a comer solo

Por este motivo, para facilitar esta transición entre la alimentación líquida y la sólida, se puede empezar a proporcionar al bebé alimentos sólidos adecuados a su edad. Es lo que postula el método ACS (por aprender a comer solo) o BLW (baby-led weaning que significa “destete dirigido por el bebé”), que propone evitar la comida triturada y acostumbrar al niño, desde el momento del destete o de la introducción de alimentos complementarios, a la comida sólida.

De hecho, esta transición es más fluida: si hasta esta edad, el lactante se ha alimentado a demanda, regulando cantidad y frecuencia, lo más natural parece ser que se les permita seguir igual. Como defiende Carlos González, pediatra fundador y presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna, la finalidad no es darle papilla y luego dejarle la comida normal a su alcance. El objetivo es hacerle partícipe de la comida familiar, dejando a su alcance aquellos alimentos sanos y variados que por su edad pueda comer y dejar que coma lo que quiera. Tarde o temprano agarrará algo y se lo llevará a la boca, aunque al principio puede que la comida acabe esparcida por lugares diferentes al plato.

Los beneficios que aporta este método son múltiples y en distintas áreas: mejora la psicomotricidad fina (la pinza); el bebé aprende a notar y discernir entre los diferentes sabores y texturas, a tomar decisiones (a comer lo que le gusta, como los adultos), a masticar sin dientes y a deglutir sólidos, pero, sobre todo, a que comer es un acto agradable.

A pesar de que al inicio los niños comen muy poca cantidad, esto no supone ningún problema, puesto que sus necesidades las cubre la lactancia materna. Esta es una alimentación complementaria a demanda, libre de papillas, en la que el pequeño puede comer lo que quiera. González, en charlas divulgativas como esta, insiste en que el objetivo de la alimentación infantil no es nutricional, es educacional, y busca que el menor aprenda a comer normal, como los adultos. Y es más fácil conseguirlo entre los 6-9 meses que a los 2-3 años, aunque, insiste el pediatra, todos acaban por aprender.

¿Cómo empezar con el BLW?

Antes de empezar hay que asegurarse que el niño sea capaz de mantenerse solo sentado y erguido, ya que es señal de que musculatura orofaríngea está suficiente madura y que lo capacita para masticar y deglutir de forma correcta. También es importante que el bebé no presente el reflejo de extrusión, que es aquel gesto involuntario de sacar la lengua que le hace expulsar cualquier alimento u objeto que le entra en la boca.

Es importante que el pequeño tenga interés por los alimentos y sepa expresar si tiene hambre, abriendo la boca y acercándose el alimento, o si está saciado, volviendo la cara o cerrando la boca. Eso sí; es de condición indispensable no dejar nunca solo al bebé para evitar atragantamientos: es recomendable que siempre un adulto le supervise mientras come y empezar con alimentos que se puedan masticar y deshacer bien en la boca (frutas maduras, verduras cocidas, pan o pasta).  

 

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