El papel de la dieta en el desarrollo del cáncer de colon

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Lun, 01/04/2016 - 15:15

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Según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), cada año, en España, se diagnostican más de 32.200 casos de cáncer de colon (alrededor de 620 cada semana), cifra que presenta un aumento progresivo, debido a las campañas de detección precoz. En todo el mundo, supone entre el 10% y el 15% de todos los cánceres y en las sociedades occidentales ocupa la segunda posición detrás del cáncer de pulmón en hombres y el de mama en mujeres. A pesar de que los avances en la detección permiten que cerca del 90% de los afectados logren curarse, la realidad es que la tasa de fallecimientos que provocan es alta: en nuestro país, representan más de 14.500 cada año.

La colonoscopia es la prueba que mayor exactitud aporta al diagnóstico, pero no hay que menospreciar su potencial preventivo: mediante esta prueba se pueden extraer los pólipos precursores del cáncer de manera precoz y evitar su posterior desarrollo hacia la enfermedad oncológica. Hay un grupo de población que convive con factores de riesgo que aumentan la probabilidad de desarrollarlo: personas sanas mayores de 50 años (el cáncer colorrectal predomina a los 69 años) de ambos sexos, con antecedentes familiares (abuelos, padres, hermanos) o personales de cáncer de colon o de pólipos y quienes padecen enfermedades inflamatorias intestinales crónicas, como la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn.

La alimentación y el cáncer de colon

La influencia de la dieta en la prevención de enfermedades es un aspecto que la evidencia científica ha demostrado extensamente. En general, las recomendaciones dietéticas relacionadas con la prevención del cáncer se basan en pautas de alimentación saludable y equilibrada. Un enfoque integral de las pruebas científicas muestra que la mayoría de pautas dietéticas que protegen frente al cáncer están compuestas sobre todo por alimentos de origen vegetal. En los últimos años, se han sumado nuevas evidencias que colocan a la fibra en lo alto del podio en lo que a su papel defensor se refiere; y no solo por los beneficios que aporta en la protección de la salud cardiovascular y cerebrovascular, sino también ante la enfermedad oncológica.

Así, los últimos estudios señalan que la fibra que proviene de los alimentos vegetales –que no de suplementos alimenticios-, tales como las legumbres, los frutos secos, los cereales integrales, las frutas frescas y las hortalizas, puede ayudar a mantener –que no curar- el cáncer colorrectal a raya.

A esta revelación se suman los resultados de un estudio publicado en Nature Communications, que muestra las repercusiones que la pauta de alimentación tiene en pocas semanas. Con una muestra compuesta por 20 personas afroamericanas y 20 personas de zonas rurales de Sudáfrica -cuyas tasas de cáncer de colon son de 65 afectados por 100.000 habitantes y de menos de 5 por 100.000 habitantes, respectivamente-, expertos del Imperial College de Londres y la Universidad de Pittsburgh (Pensilvania, EE.UU.) intercambiaron sus dietas durante dos semanas: los africanos recibieron una dieta con gran cantidad de proteínas y grasas animales -típica de la dieta occidental-, y los afroamericanos consumieron mucha fibra y poca cantidad de grasas y proteínas animales. Antes y después del ensayo, a los participantes se les realizó una colonoscopia para analizar el tejido así como para obtener diversos biomarcadores y determinar su riesgo de desarrollar cáncer de colon. Casi la mitad de los afroamericanos tenía pólipos, pero ninguno de los africanos. En comparación con sus dietas habituales, los cambios de alimentos provocaron cambios notables en los biomarcadores del riesgo de cáncer de la mucosa intestinal y también en aspectos de la microbiota y del metaboloma (conjunto de metabolitos que se encuentran en una muestra de tejido) que influyen en el riesgo de desarrollar cáncer. Así, después de dos semanas, los participantes afroamericanos presentaban niveles significativamente más bajos de inflamación y de biomarcadores, al contrario que lo que sucedió en el grupo de las personas africanas. A pesar de que son necesarios más estudios para poder afirmar de manera concluyente que el cambio de dieta está relacionado con distinta incidencia de cáncer, este trabajo pone de manifiesto que la dieta tiene un gran impacto sobre el riesgo de cáncer de colon.
 
Por otro lado, una investigación publicada en el Journal of Clinical Oncology muestra la relación entre la carne roja y la procesada y el riesgo de morir a causa cáncer de colon. El trabajo científico, que analizó los datos de 2315 hombres y mujeres con cáncer de colon o recto diagnosticado entre el inicio del estudio y el 30 de junio del 2009, concluyó que quienes tenían un consumo constante y elevado de carnes rojas o procesadas antes y después del diagnóstico eran más propensos a morir por la enfermedad durante el estudio que los que consumían menos cantidades. Así pues, parece que los resultados no hacen sino sostener  los últimos mensajes que alertan del consumo masivo de este tipo de alimentos y que señalan no superar las tres o cuatro porciones semanales.

BIBLIOGRAFÍA:

*O’Keefe S, Li JV,  Lahti L, Ou J, Carbonero F, Mohammned K, et al. Fat, fibre and cancer risk in African Americans and rural Africans. Nature Communications 6. 2015. doi: 10.1038/ncomms7342.
*McCullough ML, Gapstur SM, Shah R, Jacobs EJ, Campbell PT. Association between red and processed meat intake and mortality among colorectal cancer survivors. J Clin Oncol. 2013; 31(22): 2773-82. 

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cáncer, alimentación

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