Ingesta de potasio

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Mié, 11/02/2016 - 16:50

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El potasio como electrolito indispensable

El potasio es el principal catión del medio intracelular y tiene un papel clave en la mayor parte de las funciones vitales como:

-En el metabolismo celular.
-En la excitabilidad neuromuscular.
-En la síntesis proteica y de los glúcidos.

El organismo contiene entre 45 y 55 miliequivalenes de potasio (mEq) por cada kilogramo  de peso (kg). La concentración de potasio en el agua de las células es de 145 mEq por litro (L), mientras que en el plasma y en líquido intersticial es de 3,8-5,0 mEq/L. Pese a que esta cifra parezca pequeña, mínimas variaciones pueden provocar alteraciones en la trasmisión de impulsos nerviosos y en la contractilidad de los músculos esqueléticos. Sus principales funciones son regular el balance hídrico y del equilibrio ácido-base, incrementar la excitabilidad neuromuscular y activar los sistemas enzimáticos.

La absorción del 90% del potasio se realiza en el intestino delgado. Su eliminación se da por tres vías: un 10% a través de las deposiciones (en caso de diarrea, la cantidad es superior) y cerca del 90% mediante la orina (igual que sucede con el sodio), en forma de cloruro. Sin embargo, las pérdidas de potasio a través del sudor son inapreciables.

La importancia del potasio en la salud

Se estima que para mantener unas reservas adecuadas de potasio es necesario ingerir una cantidad diaria estimada de 40 mEq, y que se consigue a través de la alimentación. No obstante, los requerimientos de potasio aumentan durante el periodo de crecimiento o cuando existen pérdidas digestivas, como sucede con la diarrea. En caso de deficiencia –que es extraña, ya que todos los alimentos lo contienen- puede aparecer irritabilidad, debilidad muscular, insomnio y arritmias cardiacas (alteraciones del ritmo cardiaco).

Hace unos años (2011), un estudio publicado en Journal of the American College of Cardiology señalaba que un mayor consumo de potasio a través de la dieta se asociaba con menos casos de ictus y se sugería que podría ser útil en la reducción del riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular. Hoy, la evidencia científica disponible pone de manifiesto que la ingesta pobre de potasio está asociada a enfermedades no transmisibles –que son la primera cauda de morbimortalidad en todo el mundo- como hipertensión, enfermedades cardiovasculares, osteopenia y nefrolitiasis crónica (enfermedad causada por la presencia de cálculos en el interior de los riñones, de uréteres o vejiga), entre otras.  

Ante este escenario, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha diseñado unas directrices sobre el consumo de potasio para los adultos y los niños, con el objetivo de aumentar su consumo de potasio para intentar disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, mejorar la densidad mineral ósea y mitigar las consecuencias negativas del consumo de grandes cantidades de sodio. En el documento ‘Ingesta de potasio en adultos y niños’, la OMS señala que los adultos consuman, como mínimo, 90 mmol/día (3510 mg/día)  y recomienda incrementar su consumo en niños –siempre mediante la dieta- para controlar los niveles de tensión arterial, en unas cantidades acordes a sus necesidades energéticas.

Alimentos más ricos en potasio

Aunque a grandes rasgos la mayoría de grupos de alimentos contienen suficiente potasio (frutas, verduras, legumbres y patatas, de carne, pescado, crustáceos y mariscos, levaduras y chocolate), la ingesta adecuada se consigue si se comen vegetales a diario y en abundancia, a excepción de algunos grupos poblacionales, ya sea porque sufren alguna patología, inapetencia o no comen suficientes vegetales o siguen un tratamiento con fármacos que incrementan la eliminación de potasio a través de la orina. En estos casos, el especialista o profesional de salud de referencia valorará la necesidad de aportar este electrolito en forma de suplemento.

Entre los vegetales con más contenido de potasio (más de 1.000 mg por cada 100 g) están los orejones de albaricoque y melocotón, las ciruelas secas, el salvado de trigo, los garbanzos, las alubias y los pistachos. En segundo lugar (500-1.000 mg por cada 100 g), les siguen las frutas secas, los frutos secos, el aguacate, el salvado de cereales, el germen de trigo, las alubias, la quinua, las lentejas y las patatas. Y, por último, con un aporte de entre 200 mg y 500 mg por cada 100 g, todas las verduras en general (como espinacas, tomates y brócoli), las frutas (también los frutos del bosque), los copos de avena, el muesli, las habas y el arroz integral.

 

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