La importancia de las pautas en alimentación infantil

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Jue, 03/03/2016 - 16:40

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La alimentación de los 0 a los 3 años se caracteriza por la necesidad de cumplir determinados requerimientos que permitan aportar al bebé la energía suficiente para mantener las funciones vitales y cubrir las necesidades relacionadas con su crecimiento y maduración. Sin embargo, además de facilitar un buen estado nutricional y desarrollo, también forma parte de un proceso de aprendizaje a través del cual el pequeño va adoptando una serie de costumbres y hábitos que determinarán, en buena parte, la adquisición de hábitos saludables para la edad adulta.

Es en esta primera etapa infantil cuando el niño aprende a succionar, masticar y tragar y a diferenciar entre texturas, sabores y olores para adaptarse a la alimentación y a las costumbres familiares.

La leche materna: lo mejor para bebés y mamás

El mejor alimento para el recién nacido es la leche materna. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), este constituye el mejor (y exclusivo) alimento hasta que el bebé cumple los seis meses de edad, junto con la introducción de alimentos apropiados a partir de entonces, y su mantenimiento hasta los dos años o más, ya que, además de favorecer el vínculo afectivo entre madres e hijos, aporta innumerables beneficios para ambos:

Para la madre: la lactancia materna ayuda a la recuperación postparto y reduce el riesgo de desarrollar cáncer de mama y de ovario, diabetes tipo 2 y depresión postparto. También ayuda a mantener a raya otras enfermedades, como la anemia y la osteoporosis, entre otras.

Para el bebé: la leche materna aporta todos los nutrientes necesarios para un correcto desarrollo, confiere protección ante infecciones (contiene anticuerpos contra las enfermedades más habituales como la diarrea y la neumonía, dos causas principales de mortalidad en la niñez de todo el mundo) y reduce las probabilidades de muerte súbita, de alergias y del riesgo de sufrir muerte súbita. Aparte de estos beneficios a corto plazo, también los proporciona a la larga: la evidencia científica sostiene que los adolescentes y adultos que de niños fueron alimentados con leche materna tienen menos tendencia a sufrir sobrepeso u obesidad y menos probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2 y obtienen mejores resultados en las pruebas de inteligencia.

Siguiente paso: la diversificación alimentaria

A partir de los seis meses y para cubrir las necesidades aumentadas de los lactantes, es conveniente empezar el proceso de diversificación alimentaria y, de manera progresiva, ir incorporando los distintos alimentos sólidos –en forma de puré y a partir de la comida del resto de la familia- como complemento a la leche materna. Aun así, la OMS recalca que ello no debe significar la reducción de la lactancia materna, que la mejor opción para los alimentos complementarios es con la cuchara o taza, nunca con el biberón, y hay que invertir tiempo para que los más pequeños aprendan a comer sólido.

La guía ‘Recomendaciones para la alimentación en la primera infancia (de 0 a 3 años)’, elaborada por expertos en nutrición, pediatría y docencia, brinda recomendaciones alimentarias determinadas para cada grupo de edad:

Hasta los 6 meses: el único alimento que se aconseja es la leche materna a demanda y, cuando no sea posible, leche adaptada de fórmula.

De 6 a 10 meses: lactancia materna complementada con otros alimentos y preparaciones como purés de frutas, verduras, arroz y patata. Después se introducirá el trigo, la carne, empezando por pollo y pavo, y después la ternera (a razón de 20-30 g/día) y, a partir de los nueve meses, se alternará con pescado blanco o magro, como lenguado, merluza o gallo (30-40 g/día). También se introduce el aceite de oliva cruda (una cucharada de postre).

De 10 a 12 meses: es recomendable -según la dentición y el interés del niño- ofrecerle alimentos chafados en vez de triturados y algunos trozos cortados muy pequeños. Se pueden introducir sopas de pasta fina, arroz y trozos pequeños de carne.

De 12 a 18 meses: a partir del año de edad, es conveniente que el niño coma casi de todo y junto con su familia, aunque se recomienda seguir con la lactancia materna a demanda hasta los dos años o más. Las técnicas y preparaciones más apropiadas son las cremas, los purés, los guisados o los cocidos, entre otros.

De 18 meses a 3 años: a partir del año y medio de edad solo queda incorporar el pescado azul -sardina, atún o caballa, mejor sin piel, al principio- y verduras que provocan cierta flatulencia (coles, alcachofas, espárragos, etc.). Paulatinamente, habrá que aumentar la cantidad de las ingestas según la necesidad del niño. También hay que ir incrementando el volumen de las raciones según la necesidad del niño o la niña.

 

 

 

BIBLIOGRAFIA:

*Recomendaciones para la alimentación en la primera infancia (de 0 a 3 años). Plan Integral para la promoción de la salud mediante la actividad física y la alimentación saludable. Generalitat de Catalunya. Disponible en: http://canalsalut.gencat.cat/web/.content/home_canal_salut/ciutadania/vi...

 

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