Pesticidas y alimentos, riesgo y control

Lun, 06/15/2015 - 10:20

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Los pesticidas se usan en la producción de alimentos para el control de plagas, como insectos o roedores, de malas hierbas o de bacterias y hongos. Antes de utilizar un pesticida, se debe verificar que es seguro y que no compromete la seguridad del consumidor. Los estudios para evaluar los riesgos son numerosos y constantes con el fin de que el uso de pesticidas sea seguro y menos tóxico. Y es que una de sus particularidades es que tienen capacidad para acumularse en la cadena alimentaria.

Esto plantea ciertos retos, como asegurar que la presencia de posibles restos en los alimentos no suponga un riesgo para la salud. Las investigaciones y medidas adoptadas en la Unión Europea en los últimos años se han centrado en reducir los límites de ingesta seguros. La principal vía de exposición a estos contaminantes orgánicos persistentes es la dieta, sobre todo a través de frutas y verduras, también de carne y productos lácteos. Debe tenerse en cuenta también que el impacto de estas sustancias puede resultar un verdadero jeroglífico; pese a que un herbicida solo se aplique a un cultivo, puede acabar, en función de su persistencia, en el ganado, el agua, y pasar a insectos, abejas y vegetales.

De ahí la importancia de los constantes estudios y evaluaciones de estas sustancias con el fin no solo de reducir su permanencia en el medio ambiente, sino también para reducir su toxicidad en el consumidor a través de la dieta. El objetivo: conseguir que sean efectivos, con las concentraciones adecuadas, sin que tenga efectos nocivos para las personas.

Límites más seguros

En los últimos años, las cantidades de pesticidas autorizados en la Unión Europea han sufrido algunas variaciones. No se pueden autorizar pesticidas sin antes verificar que no existen riesgos para el consumidor o que tienen unos niveles máximos establecidos por ley como seguros. Para ello, se trabaja con los niveles máximos de residuos (LMR, en inglés), que hacen referencia a los niveles superiores legales de una concentración en función de unas buenas prácticas agrícolas para una menor exposición del consumidor sin que afecte la seguridad de los cultivos.

Estos niveles, que se establecen cuando el producto ya está listo para el consumo, se refieren a límites aceptables desde el punto de vista toxicológico, no a límites toxicológicos, según la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), lo que significa que representan la cantidad máxima de un residuo que es posible encontrar en un producto alimentario de origen vegetal o animal como consecuencia del uso legal. Superar estos LMR no es sinónimo siempre de un riesgo para la salud, ya que no representan la cantidad máxima de la sustancia actica que puede ser perjudicial.

En la Unión Europea, se decidió empezar a inspeccionar en 1991 todos los productos utilizados para que, en función del resultado, autorizar su uso o exigir su retirada del mercado. Desde entonces, y a partir de la primera legislación sobre pesticidas, el número de sustancias autorizadas se ha reducido de forma significativa. En 1991, el número de pesticidas que se comercializaban en la UE rondaba los 900; en 2008, la cifra apenas llegaba a los 200.

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