Riesgos alimentarios emergentes

Lun, 12/28/2015 - 10:53

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En seguridad alimentaria, cuando se habla de riesgos emergentes se hace referencia a la capacidad de detectar, de forma temprana, posibles incidencias

En un mundo cada vez más cambiante, en el que la globalización es la protagonista, se plantean nuevas necesidades de control de alimentos para hacer frente a nuevos riesgos microbiológicos y químicos. Pero, ¿se pueden evitar incidentes antes de que sucedan? No es una tarea sencilla ya que es necesario contar con sistemas que permitan la recopilación y evaluación de grandes cantidades de información de fuentes distintas. En muchos casos los datos son limitados, lo que obliga a desarrollar una compleja estructura, organización y experiencia multidisciplinar. La identificación temprana o la predicción de incidentes son fundamentales para implementar acciones oportunas y decisivas que ayuden a proteger al consumidor.

El papel de los indicadores

Hay una necesidad de desarrollar métodos de identificación temprana de los riesgos emergentes para la seguridad alimentaria. El objetivo, como se ha mencionado, es prevenir estos riesgos antes de que se conviertan en reales y provoquen incidentes. Para ayudar a identificar los riesgos emergentes se usan los denominados indicadores, que proporcionan información sobre la naturaleza del peligro, el agente que los causa (virus, patógeno, sustancia química u hongos) y la fuente.

Muchos de los indicadores tienen que ver con factores que afectan a la salud humana y animal, el bienestar de los animales y la salud vegetal. Por ejemplo, un indicador de riesgo emergente sería un agente tóxico o radioactivo en cultivos cercanos a industrias que los liberan. No forman parte de los riesgos emergentes aquellos que se producen de forma involuntaria o accidental. Otros indicadores de riesgos emergentes han sido:

  • Incidentes como grandes apagones energéticos que puedan acarrear consecuencias.
  • Condiciones climáticas con capacidad para promover la proliferación de hongos causantes de toxinas como aflatoxinas, ocratoxina o patulina.
  • Efectos inesperados de contaminantes como residuos de pesticidas.
  • Aplicación de métodos nuevos de producción vegetal, como técnicas de cosecha.

La diferencia entre los microorganismos clásicos y los emergentes es que, por ejemplo, los primeros ya cuentan con un historial específico de riesgo-control; los emergentes, en cambio, no se han relacionado antes con los alimentos ni con la aplicación de nuevas tecnologías (biotecnología o nanotecnología). Lo que sí caracteriza a los riesgos emergentes es su rápida y fácil difusión, ayudada en buena manera por el comercio internacional o los cambios en el sistema de producción de alimentos y la demanda de nuevos productos.

También pueden formar parte de los riesgos emergentes aquellos que no han tenido la vigilancia adecuada y, por tanto, los efectos sobre la salud humana y la economía han sido enormes, como la encefalopatía espongiforme bovina (EEB) o mal de las vacas locas en su momento.

El control en la UE

Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), la evaluación de los riesgos emergentes debe ser flexible para adaptarse a los cambios y para poder mejorar los métodos de detección. La Agencia, que cuenta con un comité de expertos específico para este tipo de riesgos, sostiene que los indicadores deben ser "de confianza, cuantificables y deberían proporcionar la información sobre la naturaleza del peligro (agente / proceso implicado) y la fuente del riesgo".

La evaluación de datos relativos a los indicadores normalmente requiere la recolección de datos adicionales para poder hacer una evaluación correcta. La EFSA lo ejemplifica con la aparición de virus exóticos en grupos de población o productos animales específicos, en los que es necesario evaluar otros factores para determinar con precisión el alcance y las implicaciones del riesgo.

En un informe publicado en octubre de 2010 por la EFSA, para afrontar un posible riesgo emergente deben seguirse unos pasos. El primero de ellos es detectar el peligro; recopilar y monitorizar todos los riesgos que procedan de sustancias químicas o microorganismos; comunicar el riesgo con información clara, breve y concisa; y definir factores externos a la cadena alimentaria que puedan interferir, como alergias o intolerancias.

 

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