Carencia de nutrientes y desarrollo en edad infantil

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Jue, 05/26/2016 - 17:25

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Los tres primeros años de vida son una fase de transición entre el bebé lactante y el periodo de crecimiento, que engloba desde los tres años hasta alcanzar la pubertad. En esta etapa, el pequeño desarrolla funciones psicomotoras al mismo tiempo que las funciones digestivas y metabólicas alcanzan el grado de madurez adecuado que le permitirá seguir la evolución de la pauta alimentaria. En esta primera etapa hay que asegurar una alimentación correcta para que pueda desarrollarse y crecer de forma óptima y evitar carencias alimentarias y enfermedades asociadas a una nutrición incompleta.

A partir de los tres años y hasta alcanzar los 11 hay dos etapas de crecimiento diferenciadas: la edad preescolar –hasta los seis años-  y la escolar, desde los seis a los once años. En la primera, a pesar de que el ritmo de crecimiento es menor, es fundamental empezar a enseñar al niño pautas nutricionales correctas que deberían extenderse a toda la infancia. En el periodo siguiente, pese a que el crecimiento es también lento, se produce de manera continua: los menores necesitan los mismos alimentos aunque, para cubrir sus necesidades, hay que aumentar las cantidades. No hay que olvidar que los malos hábitos en alimentación, los caprichos o la ingesta selectiva de determinados alimentos pueden afectar, por defecto o exceso, el crecimiento del pequeño.

Tal y como se ha puesto de manifiesto en el lll Curso de Avances en Nutrición Pediátrica, de la Fundación Iberoamericana de Nutrición, lograr un adecuado aporte nutricional acorde con las necesidades específicas en la infancia es clave para garantizar el correcto crecimiento. Y este objetivo se consigue, según los expertos en nutrición pediátrica, incluyendo el consumo habitual de pescado azul (después de los tres años), especialmente los pescados de pequeño tamaño, pescado blanco, lácteos y carnes rojas (1-2 veces por semana en raciones pequeñas), principales fuentes de ácidos grasos, vitamina D y hierro, respectivamente.

En el marco de este evento también se han aportado algunos datos acerca de la salud nutricional de la población pediátrica: más del 30% sufre sobrepeso u obesidad y entre un 7% y un 8% presentan alergia a algún alimento.

Carencia de hierro en los niños

Una de las carencias nutricionales más generalizadas en todo el mundo es la falta de hierro. Es, además, la principal causa de anemia en el lactante, en los niños y adolescentes y en la mujer en edad fértil y en las embarazadas. Se estima que hasta un 10% de las personas en estos grupos de población en Europa sufren anemia (en África alcanza hasta  un 50%). La reserva orgánica de hierro al nacer dura hasta los 4-6 meses dependiendo de si el bebé está alimentado exclusivamente con leche materna. Una vez terminados los depósitos, el niño depende de la dieta para cubrir sus requerimientos. En este punto, si la dieta resulta insuficiente, aumentan las probabilidades  de desarrollar anemia.

En la mayoría de las veces, la anemia es un trastorno leve y sus síntomas pasan desapercibidos. Sin embargo, si el pequeño presenta cansancio, irritabilidad, palidez, falta de apetito o apetencia selectiva por productos que no son alimentos (como la tierra), retraso del desarrollo o del aprendizaje o hay un incremento de la frecuencia cardiaca, como señalan desde la  Asociación Española de Pediatría, lo mejor es acudir al profesional de salud de referencia. A menudo la anemia es secundaria a una mala absorción intestinal, al sangrado repetido o a momentos de crecimiento rápido, como sucede en la infancia y la adolescencia.

Para los expertos en salud infantil, la anemia ferropénica se puede prevenir siguiendo una dieta equilibrada que aporte los requerimientos de hierro necesarios. Así, proponen una dieta en la que no falte carne roja (de 2 a 3 veces a la semana), legumbres y cereales (aunque el hierro que contienen tienen una peor absorción), verduras y algunos moluscos (almejas y berberechos). Además, aconsejan que a partir de los seis meses se limite la ingesta de leche y yogures a medio litro al día, ya que interfiere en la absorción de hierro.

En la celebración del curso de la Finut, el Dr. José Manuel Moreno, presidente del Comité de Nutrición en la Asociación Española de Pediatría, señaló que ante una carencia nutricional puede ser de interés utilizar las leches de crecimiento enriquecidas en hierro para cubrir las necesidades infantiles.

 

 

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