El papel del desayuno

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Vie, 05/20/2016 - 19:46

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A pesar  de que desayunar es una costumbre muy saludable a todas las edades y que no requiere demasiado tiempo, todavía hoy demasiadas personas salen de su casa con justo un café –en alguna de sus modalidades- o con un simple tazón de leche para hacer frente a las primeras horas del día.

De hecho, los expertos en nutrición están de acuerdo sobre la importancia de esta primera comida del día, sobre todo en los niños. Desayunar interrumpe el ayuno nocturno y ayuda a restituir la situación metabólica más propicia antes de hacer frente a los quehaceres diarios, intelectuales y físicos. Unas condiciones óptimas ayudan a obtener unos mejores resultados. El desayuno aporta entre el 10% y el 30% de la ingesta nutricional diaria y el resto se divide entre la comida (30%), la merienda (15%-20%) y la cena (25%-30%).

Saltarse el desayuno puede favorecer una disminución de macro y micronutrientes especialmente importantes que, a veces, no se llegan a compensar con las ingestas siguientes, sobre todo en los niños en edad preescolar. El desayuno es más importante, si cabe, en la edad infantil, puesto que tiene repercusiones, además de sobre la salud en general, en el rendimiento académico.  

El desayuno de los niños en España

En el trabajo de Galiano y Moreno (1) se expone que entre un 10% y un 15% de los niños españoles no desayuna y hasta un 30% lo hace de forma escasa, y esta ingesta solo aporta, de media, el 19% de la energía diaria. Cuando la población estudiada abarca, también, a los adolescentes, las cifras son las siguientes: el 88% desayuna cada día y un 45%, además, ingiere un segundo desayuno a  media mañana, en forma de bocadillo (29%), bollería (27%) o galletas (15%).

Otro estudio realizado por J. Aranceta (2002), sobre una muestra de 322 niños y 212 familias españolas repartidas por todo el territorio, dibujaba un perfil de desayuno: en un 91% los escolares tomaban leche y un 58% añadía cacao soluble; un 36% comía galletas; un 35% cereales de desayuno y en el mismo porcentaje, pan. De todos ellos, solo 3 de cada 10 ingería las raciones recomendadas de leche, cereales y fruta.

Los beneficios del buen desayuno

Desayunar podría ayudar a mantener un peso saludable, aunque los estudios no aportan suficiente evidencia científica comparado a si se prescinde de él. Sin embargo, sí que desayunar evita en mayor medida el  picoteo fuera de horas. No es que el picoteo sea malo en sí, ya que todo depende de la calidad de los alimentos que se utilicen para tal fin. Pero si se escoge un trozo de queso o embutido, galletas, chocolate, bollería, zumos o latas de bebidas azucaradas (o refrescos), etcétera, lo que se provoca es que haya una ingesta excesiva en azúcar, sal y grasas trans.

Sin embargo, desayunar sí que se asocia a una mejor salud, mayor bienestar y la práctica regular de ejercicio físico y a un mayor grado de seguimiento a un estilo de vida saludable. Y, además de mejorar el estado nutricional (calcio, hierro, magnesio, vitaminas A y del grupo B), también aumenta la concentración y la memoria por el aporte de glucosa, lo que resulta beneficioso a todas las edades.

Desayunar en familia

Los beneficios del desayuno aumentan cuando se comparte con la familia y cada vez hay más estudios que así lo ponen de manifiesto. Por el contrario, cuando los niños comen solos, es más fácil que opten por alimentos poco saludables: menos fruta, más bollería industrial…

En esta línea, una revisión sistemática sobre hábitos alimentarios de los niños realizada en la Universidad de Illinois (EE.UU.), los niños que solían comer acompañados de la familia eran un 24% más propensos a escoger alimentos saludables comparado con aquellos que rara vez comían con su familia, y los que compartían ese momento tres o más veces eran un 20% menos propensos a escoger alimentos no saludables. De hecho, el entorno familiar es clave en las pautas de alimentación del niño, además de ser el primer elemento de modelaje  en la instauración de los hábitos alimentarios de sus miembros.

 

*BIBLIOGRAFÍA:

1. Galiano MJ, Moreno JM. Acta Pediátrica Española. 2010; 68 (8): 403-8.

 

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