Intoxicaciones alimentarias en verano

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Mié, 07/15/2015 - 09:47

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La mayor parte de las intoxicaciones alimentarias ocurren en verano, y su principal consecuencia son las gastroenteritis aguda, sobre todo entre la población infantil. De hecho, son uno de los motivos de consulta al pediatra más habitual en la época veraniega. No obstante, otros colectivos con riesgo aumentado de sufrirlas son las personas mayores y quienes sufren una enfermedad crónica. Un aumento de las deposiciones de consistencia líquida o semilíquida, dolor abdominal, vómitos, incluso, la presencia de sangre en las heces y fiebre son algunos de los síntomas más comunes. La primera medida para mantener a raya las intoxicaciones es cerciorarse de llevar a cabo una manipulación adecuada de los alimentos. 

Estas toxiinfecciones pueden estar provocadas por bacterias, virus, parásitos o toxinas. En el caso de las bacterias las más frecuentes son la Salmonella, los estafilococos y la Shigella; el virus más habitual es el de la hepatitis, aunque para provocar una infección deben entrar en juego cuatro factores: un manipulador de alimentos infectado por la hepatitis, que infecte un alimento, y que se consuma. La toxina botulínica y parásitos como el anisakis también están detrás de algunas intoxicaciones alimentarias.

El calor y la humedad junto con una mala higiene en la manipulación de los alimentos contribuyen a crear unas condiciones de lo más favorables para que bacterias como la Salmonella, que pueden estar presentes en el huevo y en sus derivados, o los estafilococos, que fácilmente pueden afectar a cremas, natas, pescados y carnes, campen a sus anchas.

Prevenir las toxiinfecciones alimentarias

Para evitar las contaminaciones alimentarias la primera medida es realizar un concienzudo lavado de manos antes de manipular cualquier alimento o herramienta que tenga que entrar en contacto con los alimentos. Así, de la misma manera, los utensilios a utilizar, como tablas de cortar, la encimera o trapos de cocina deben estar muy limpios. Después hay que lavar bien los alimentos crudos (frutas y verduras) y evitar que entren en contacto los alimentos crudos con los cocinados.

Otras recomendaciones son: descongelar los alimentos en la nevera, cocinar las carnes muy hechas, los alimentos cocinados hay que guardarlos en la nevera, cuando se hace la comprar, evitar romper la cadena de frío.

Huevos y salmonelosis

El huevo es uno de los alimentos que más fácilmente puede contaminarse por Salmonella. Por ello, es importante, una vez adquiridos, conservarlos en la nevera. Si se opta por lavarlos, debe hacerse en el momento justo de utilizarlo y, seguido, proceder a secarlo bien con un papel de cocina. Si hay que romperlo es preferible no hacerlo en el borde del recipiente donde se manipulará posteriormente, ni tampoco separar las yemas de las claras en la misma cáscara.

Las temperaturas superiores a 70ºC minimizan los riesgos microbiológicos. Si se opta por preparaciones que incluyan huevos poco cocinados o crudos, como las mayonesas, deben extremarse al máximo las medidas de higiene en su manipulación y conservar en la nevera no más de 24 horas.

Medidas para tratar una intoxicación alimentaria

Los síntomas suelen presentarse entre 2 y 8 horas después de la ingesta del alimento contaminado. A menudo, las intoxicaciones se combaten con una buena hidratación y antibióticos si la causa es una bacteria. El objetivo primordial es prevenir la deshidratación reponiendo los líquidos y electrólitos perdidos. Se trata de ir bebiendo poco a poco, sin forzar en ningún caso, ya que de lo contrario se podrían provocar vómitos.

En una revisión actualizada de mayo de 2015, publicada en Medline Plus, recomienda no utilizar jugos de frutas, refrescos o bebidas de cola, a pesar de que no lleven gas, ya que no reponen los minerales perdidos y pueden empeorar la diarrea. Tampoco utilizar bebidas isotónicas diseñadas para deportistas para los niños pequeños, y sí hacerlo con las preparaciones de venta en farmacias. En cambio, sugieren que estas bebidas pueden ser útil en niños mayores y adultos.

Ante un episodio de vómitos y diarrea, hay que vigilar a los niños, personas con alguna enfermedad o especialmente frágiles ya que tienen mayor riesgo de presentar deshidratación. Por este motivo, progenitores y cuidadores deben estar atentos de síntomas que pueden poner en alerta. En niños pequeños y bebés aparecen llanto sin lágrimas, sequedad de piel y mucosas, menos cantidad de orina (como mínimo, los menores de tres meses deben utilizar cuatro pañales diarios, y los niños que ya andan, tres) o piel grisácea. En los adultos y ancianos, las características de deshidratación abarcan desde malestar general, dolor de cabeza, cansancio, orina concentrada y/o sequedad de piel y mucosas, hasta alteraciones cognitivas como dificultad de concentración y confusión mental.

Si el cuadro persiste y la persona es incapaz de reponer líquidos, hay que acudir al médico por si se hace preciso reponerlos de forma intravenosa. Las personas que tomen medicación de manera crónica no deberían abandonar la pauta antes de consultar al médico. 

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