La importancia de la nutrición parenteral

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Mié, 04/20/2016 - 12:58

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En condiciones normales, los alimentos se digieren en el estómago y el intestino absorbe los nutrientes que, a través de la sangre, se trasportaran por todo el organismo. Sin embargo, hay ocasiones que esto es inviable, y se hace imposible alimentar a un paciente a través de la vía oral: cuando el tracto gastrointestinal está inoperante para la administración, digestión y absorción de nutrientes durante más de 7 días o antes  –por enfermedades como peritonitis, íleo paralítico, intestino corto, enfermedad inflamatoria, diarreas profusas o pancreatitis severa, entre otras- o cuando, por razones médicas, sea recomendable mantener en reposo. En estos casos, la nutrición del paciente se lleva a cabo mediante la nutrición parenteral, en la que no media el sistema digestivo.

La nutrición parenteral: ¿qué es?

La nutrición parenteral consiste en suministrar los nutrientes necesarios a personas desnutridas o con riesgo de desnutrición secundaria a una patología, pero de forma extradigestiva: vía intravenosa. Así, a través de un catéter endovenoso, se aporta a la persona un líquido que contiene nutrientes esenciales (glucosa, quilomicrones, aminoácidos, vitaminas y oligoelementos).

Este tipo de nutrición es clave en la evolución del paciente, segura y coste efectiva, que ayuda a la recuperación de los pacientes graves y reduce complicaciones en el tratamiento de una patología grave y reingresos hospitalarios, según el centenar de expertos reunidos en la 4ª edición de Nutrition Academy. En España, como concluyen algunos estudios como el PREDyCES, publicado en la revista ‘Nutrición Hospitalaria’ en 2012, hasta el 25% de los pacientes del ámbito hospitalario sufre desnutrición, situación que complica la evolución del paciente y aumenta la mortalidad, además de suponer un gasto económico elevado al Sistema Nacional de Salud.

A pesar de ser una terapia segura y eficaz, la nutrición parenteral no deja de tener algunos riesgos. Uno de los efectos adversos más importantes es la infección del catéter o las complicaciones metabólicas (como la hiperglucemia). A largo plazo, cuando el periodo de administración es prolongado en el tiempo, también se han descrito alteraciones hepáticas y óseas derivadas de problemas con los minerales.

La desnutrición hospitalaria

La desnutrición es un factor de riesgo de fragilidad que disminuye la capacidad de recuperación del paciente, sea cual sea su enfermedad de base. Según el Manual Internacional de Clasificación de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la desnutrición es una complicación médica potencial pero prevenible y es clave en el resultado de los tratamientos. Los resultados de esta malnutrición, además, se ven agravados en el caso de los ancianos, que pueden presentar el síndrome de inmovilismo, un deterioro rápido de la funcionalidad y de la independencia en su movilidad.

¿Pero cuál es el límite de la pérdida de peso para hablar de desnutrición? Los expertos aseguran que debería ser cuando la persona ha perdido un 10% de su peso habitual. A partir de aquí se hace imprescindible una adecuada valoración de su estado nutricional y poner en marcha el protocolo.

En el caso de que la persona sea capaz de comer, se le proporcionan suplementos nutricionales por boca. Por el contrario, si no puede, habría que empezar con la nutrición enteral –que administra directamente al estómago o yeyuno, con una sonda-  o parenteral, según el estado que tenga su tracto digestivo. Pero, algunas veces, se puede alternar con la alimentación habitual: algunas personas, aunque pueden comer por boca, son incapaces de ingerir todas las calorías y nutrientes necesarios, sea por falta de apetito, vómitos o alteraciones en la mucosa que lo impidan, y se da un aporte extra con suplementos o nutrición enteral.

La desnutrición en la enfermedad

El solo hecho de estar hospitalizado lleva asociado algunos factores de riesgo nutricionales: ayunos que se alargan por pruebas diagnósticas o por sueroterapia prolongada esperando a que la persona sea capaz de tolerar la dieta enteral (la que se administra por sonda nasogástrica o nasoyeyunal). A estas situaciones se le suma el estado hipercatabólico del organismo provocado por la patología en sí: el organismo necesita energía extra para hacer frente a las necesidades basales o a luchar contra una infección, entre otras. Si la persona no consume la energía requerida, esta se obtiene de la reserva de grasa y de la masa muscular, provocando pérdida de peso.  

Ante situaciones como sufrir una úlcera por presión, fiebre, enfermedad crónica, intervención quirúrgica o convalecencia, el organismo necesita un elevado proceso de regeneración tisular para llegar a la recuperación.

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Nutrición, enfermedad

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