Mercurio en el pescado

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Mar, 09/13/2016 - 17:18

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Los residuos generados por el ser humano a través de la minería y la industria han colmado de mercurio el medio ambiente. Desde hace años se conoce los efectos nocivos que este metal tiene para la salud, mayormente, para el sistema nervioso en desarrollo. Diversos autores señalan que su efecto tóxico depende de su forma química, cantidad, vía de exposición y, sobre todo, la vulnerabilidad de la persona expuesta (la etapa intrauterina es la más vulnerable).

De las tres maneras distintas en el suelo, agua, plantas y animales, y en forma de sal inorgánica, mercurio elemental y mercurio orgánico, es este último el que más efectos perniciosos puede provocar en la salud. Sus compuestos -metilmercurio, etilmercurio y fenilmercurio- han sido muy utilizados como sustancias biocidas y pesticidas. El metilmercurio (MeHg) es el que se encuentra en el ambiente, se deposita en el agua y se acumula en organismos –bioacumulación- y entra a formar parte de la cadena alimentaria, sobre todo la acuática, siendo la fuente principal de ingreso en las personas.

No obstante, sus concentraciones en peces y mamíferos marinos dependen de aspectos como el pH del agua, el contenido de materia orgánica, los organismos que viven en ella, la temperatura y la cantidad de sólidos disueltos. Por este motivo, es difícil de predecir la bioacumulación.

De hecho, la National Research Council de EE.UU. considera que la ingesta de este metal pesado a través de alimentos procedentes del mar es un auténtico problema en salud pública por la toxicidad que provoca en el desarrollo neurológico en niños, ya desde la vida intrauterina. Por su lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el MeHg es uno de los diez compuestos químicos más peligrosos que existen en la actualidad, junto con el arsénico, las dioxinas, los pesticidas, el bisfenol A (BPA) o los ftalatos, entre otros.

Mercurio y salud: una mala combinación

La principal fuente de exposición de este metal pesado es la ingesta de pescados y mariscos contaminados. Casi todas las personas presentan alguna cantidad, por ínfima que sea, de este compuesto, lo que indica su presencia en la cadena alimentaria.

El MeHg es un neurotóxico que traspasa fácilmente la barrera placentaria y la hermatoencefálica. Su principal efecto conocido se produce en el cerebro del feto, puesto que interfiere con la migración neuronal, la organización de núcleos del cerebro y la estratificación de neuronas corticales. Sobre las intoxicaciones con MeHg procedente de pescados, en Minamata (Japón), los niños que habían estado expuestos a él en el útero, a pesar de que parecían normales al nacer, con el paso del tiempo mostraban retraso psicomotor, ceguera, sordera y convulsiones.

Otras investigaciones llevadas a cabo en niños de poblaciones donde se practica la pesca de subsistencia (Brasil, Canadá, China, Columbia y Groenlandia) se ha observado que entre 1,5 y 17 de cada mil niños presentaban trastornos cognitivos (leve retraso mental) causados por el consumo de pescado contaminado.

Medidas para reducir el consumo  de mercurio

Pese a las consideraciones anteriores, el pescado en general sigue siendo un alimento importante desde el punto de vista nutricional. Pero, teniendo en cuenta la contaminación química, para que su ingesta no suponga un peligro para la salud, hay seguir una serie de recomendaciones de consumo.  

Sobre las conclusiones extraídas del estudio CALYPSO (consumo en la dieta de pescado y marisco y niveles de concentración de oligoelementos, contaminantes y ácidos grasos omega 3) - llevado a cabo por la  Agencia francesa de Seguridad Sanitaria de los alimentos (AFSSA), el Instituto Nacional de Investigación Agronómica de Francia (INRA) y la Dirección General de Alimentación General (DGAL)-, la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de los Alimentos, Medio Ambiente y Trabajo francesa (ANSES) ha publicado recomendaciones para que los beneficios del consumo de pescado sean mayores que los riesgos:

  • Variar el consumo de productos del mar, tanto en especies como en fuentes de suministro.
  • Comer pescado al menos dos veces a la semana, sin olvidar el pescado azul.

Para las mujeres embarazadas o lactantes, los consejos son los siguientes:

  • Limitar el consumo de grandes peces depredadores a 150 g por semana.
  • No comer pez espada, pez aguja o pintarroja (pintada).

Por su parte, en nuestro país, la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) a las mujeres embarazadas y lactantes, añade a los niños menores de tres años. Las recomendaciones para estos grupos de población son: evitar comer especies de pescado con contenidos de mercurio más altos, como pez espada, tiburón, atún rojo y lucio, y para niños de tres a doce años, sugiere no superar el consumo de 50 gramos a la semana o 100 gramos cada dos semanas de estas especies.

 

BIBLIOGRAFÍA:

*Raimann X, Rodríguez L, Chávez P, Torrejón C. Mercurio en pescados y su importancia en la salud. Rev med Chile  [Internet]. 2014[citado  2016  Sep  13]; 142(9): 1174-80.

*Organización Mundial de la Salud. Nota descriptiva N°361, Enero de 2016.

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pescado, contaminantes

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