Riesgo cardiovascular en los más jóvenes

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Mié, 11/23/2016 - 12:11

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Las enfermedades cardiovasculares suponen la primera causa de muerte en España y en el mundo occidental. A pesar del gran desarrollo en el ámbito de la prevención y en el tratamiento de estas dolencias, según datos del Instituto Nacional de Estadística (2016) hay un estancamiento en el descenso paulatino de la mortalidad asociada a causas cardiovasculares en nuestro país. Y no solo eso, el impacto en la calidad de vida de las personas y el coste sanitario que suponen no hace más que aumentar.

Aunque las complicaciones cardiovasculares aparezcan en edades adultas, se desarrollan por la exposición acumulada a diversos factores de riesgo cardiovascular en edades más tempranas de la vida de una persona. En otras palabras, se empiezan a gestar en la más tierna infancia. Y es que en los últimos diez años, las alteraciones de corazón tanto en población infantil como adolescente se han multiplicado por diez debido, fundamentalmente, a unos hábitos de vida que distan de ser saludables. Los especialistas en salud cardiovascular no son muy optimistas y prevén que si no hay un cambio de tendencias y no se empiezan a adoptar estilos de vida más saludables, en menos de 20 años las enfermedades cardiovasculares debutarán a partir de los 45 años.

De hecho, en la actualidad, ya hay menores de 24 años –sobre todo obesos- con factores de riesgo asociados a adultos, como hipertensión, cifras elevadas de LDL (colesterol malo) e intolerancia a la glucosa. Los efectos esperados a largo plazo serán diabetes, ateroesclerosis precoz y alteraciones articulares, entre otras.

La obesidad y la hipertensión en niños

El sobrepeso y la obesidad en población infantil y adolescente se acompañan de otros factores de riesgo cardiovascular como hipertensión arterial, colesterol y glucemia elevados y aumento significativo de la masa del ventrículo izquierdo. Un estudio reciente publicado en el British Medical Journal (2012) ponía de manifiesto que, si esta situación no se revierte, al llegar a la edad adulta estos niños con obesidad tendrán entre un 30% y un 40% más de probabilidades de sufrir un ictus o una enfermedad cardiaca.

En contra de lo que pueda pensarse, la obesidad no es lo único que preocupa a los especialistas. También la hipertensión (HTA) temprana, que es muy poco frecuente en niños, es otro factor que está en el punto de mira. El protocolo sobre hipertensión en niños y adolescentes de la Asociación Española de Pediatría (AEP) señala que la HTA pediátrica tiene una prevalencia creciente, una alta comorbilidad, tanto a medio como a largo plazo y, a menudo, está poco diagnosticada. Acusan de esta situación a la alta prevalencia de obesidad –que a pesar de que no es el único factor para sufrirla, sí que conlleva en la mayoría de casos una presión arterial elevada-, los malos hábitos en alimentación y el sedentarismo que son, en realidad, una tríada muy extendida en nuestra sociedad.

Se determina la presencia de HTA cuando los valores de presión sistólica y/o diastólica en tres o más ocasiones son elevados (según las tablas de percentiles de presión arterial según edad, sexo y talla del paciente). Ante esta situación, lo primero es iniciar medidas higiénico dietéticas: reducción de peso, dieta y ejercicio. Si el pediatra lo considera oportuno, se pautará también tratamiento farmacológico. De momento no hay consenso de cuál es el mejor fármaco para abordar la HTA en niños, pero en lo que sí están de acuerdo los especialistas es en tener en cuenta la edad del paciente y sus características personales, la ventaja de dosificación según la adherencia al tratamiento y los posibles efectos adversos.

Dislipemia temprana

De la misma manera, desde la Fundación Española del Corazón se indica que cada vez es más habitual encontrar niveles de LDL (colesterol malo) elevado en niños y adolescentes. Y el motivo principal es idéntico al anterior: llevar un estilo de vida insana. Alimentación incorrecta con exceso de energía, de grasas saturadas y trans (grasas hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas) y de azúcar junto a una vida poco activa, a la presencia de obesidad o al tabaquismo en adolescentes.

El LDL elevado predispone a desarrollar enfermedades cardiovasculares, debido a la formación de placas de ateroma que van obstruyendo, progresivamente, los vasos sanguíneos. Sin embargo, la buena noticia es que la hipercolesterolemia puede modificarse y las lesiones iniciales asociadas pueden llegar a desaparecer si se combaten en las etapas prematuras. Y las primeras medidas que se deben tomar son la adopción de pautas de alimentación saludable y ejercicio físico. Si con ello no fuera suficiente –y no hay antecedentes de hiperlipemia familiar-, la decisión de tratamiento farmacológico deberá hacerse de forma individual, según recomienda la AEP. Solo en casos muy concretos -y a partir de los 10 años- el pediatra podría aconsejar iniciarlo.

 

BIBLIOGRAFÍA:

*Cerda Ojeda F, Herrero Hernando C. Hipertensión arterial en niños y adolescentes. Protoc diagn ter pediatr. 2014; 1: 171-89.
*Guijarro C. Jóvenes: factores de riesgo cardiovascular. Dislipemia en población menor de 35 años. ¿Cuándo se inicia y cuándo tratar farmacológicamente?  Revista de estudios de juventud. Junio 2016; 112: 27-40.

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