Qué es la resistencia antimicrobiana

Lun, 11/23/2015 - 10:59

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Los antimicrobianos son medicamentos, como los antibióticos, que se utilizan para luchar contra los microorganismos. Muchos de los antimicrobianos que se usan en todo el mundo se administran a los animales destinados a la producción de alimentos con varios fines, como tratar animales enfermos o evitar enfermedades.

Uno de los problemas que ha surgido del mal empleo de antimicrobianos en animales ha sido la aparición de resistencia de los microorganismos contra los que se pretende luchar. Tal como reconoce la Comisión Europea, la resistencia antimicrobiana es una "acumulación de factores" (uso excesivo o inadecuado de medicamentos antimicrobianos en humanos y animales y malas prácticas de control de infecciones). Por su gran difusión y propagación, los expertos llaman a abordar este problema desde un enfoque integral que involucre a sectores de la salud pública, seguridad alimentaria, bioseguridad, medio ambiente o bienestar animal.

Cuando las bacterias se resisten

La resistencia antimicrobiana es la capacidad de un microorganismo (bacteria, virus o parásito) a resistir a la acción de un agente antimicrobiano.

  • Es una adaptación del microorganismo a su entorno.
  • Los que se vuelven resistentes son los microorganismos, no las personas o los animales; estos no se vuelven resistentes a los tratamientos, sí lo hacen las bacterias y otros microorganismos.
  • La resistencia antimicrobiana da como resultado la reducción o eliminación de la efectividad del medicamento, que no puede curar o prevenir la infección.

Las bacterias se resisten a los antibióticos cuando estos han perdido su capacidad para matarlas o detener su crecimiento. Uno de los máximos problemas, más que la resistencia natural de ciertas bacterias, es cuando estas se vuelven resistentes como resultado de cambios genéticos (resistencia adquirida). Cuando esto ocurre, las bacterias sobreviven al antibiótico suministrado y se multiplican, lo que obliga a disponer de nuevos recursos de lucha.

Los antibióticos que se usan en animales destinados a la producción de alimentos pertenecen a los mismos grupos químicos que los que se utilizan en humanos, por tanto, los animales pueden adquirir las bacterias resistentes a los antibióticos empleados contra infecciones humanas. Bacterias como Campylobacter o Salmonella pueden transferirse de los animales a las personas a través de los alimentos. Según el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC), parte de la carga de la resistencia a los antimicrobianos en la Unión Europea se debe a los usados en animales productores de alimentos. Debido a la exposición a los antibióticos, los animales pueden llevar la resistencia a bacterias como las citadas de los animales a los humanos a través de los alimentos.

Cuando los animales se sacrifican y se procesan los alimentos, las bacterias resistentes pueden contaminar la carne u otros productos procedentes de los animales. También pueden entrar en el medio ambiente a través de las heces de animales y pueden propagarse a través del agua de riego a los cultivos.

Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), un ejemplo de bacteria que ha adquirido resistencia a múltiples antibióticos es Staphylococcus aureus. La promoción de métodos de cría de animales, procedimientos de higiene y estrategias de vacunación racionales (buenas prácticas de producción) podría ayudar a reducir al mínimo la necesidad de emplear antimicrobianos en la cría de animales destinados a la producción de alimentos, según la Organización Mundial de Sanidad (OIE). A principios de 2014, la EFSA y el ECDC publicaban un informe según el cual las bacterias más habituales que se transmiten por los alimentos, como Salmonella, muestran una resistencia significativa a los antimicrobianos comunes, una realidad que es motivo de preocupación para las autoridades sanitarias. Esta bacteria es resistente a la ampicilina, tetraciclina y sulfanomida en humanos, como también en aves, cerdos y vacuno.

Fin a la resistencia

Para acabar con este problema, las autoridades sanitarias de todo el mundo apuestan por hacer un uso prudente de los antibióticos, no solo en las personas, sino también en animales, para reducir la resistencia. También apuestan por fortalecer la higiene y mejorar la prevención y control de infecciones, así como garantizar el acceso a agua potable. Para ayudar en esta misma línea es muy importante también trabajar para comprender mejor cómo funcionan los mecanismos de resistencia, si se producen efectos de tipo genético, bioquímico u otros de tipo médico, veterinario y ambiental. Otras medidas que se han adoptado han sido la implantación de estrategias alternativas como programas de vacunación.

En los últimos años también ha crecido de forma exponencial el desarrollo de antimicrobianos naturales, una alternativa que usa extractos de especies con propiedades conservantes naturales. Algunos de los más valorados son el ajo, el orégano o el arándano. Según las investigaciones realizadas hasta ahora, estos alimentos poseen compuestos activos eficaces en la lucha contra patógenos como Salmonella o E. coli.

 

 

 

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