Dieta y psoriasis

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Jue, 10/01/2015 - 12:09

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Vaya por delante que la dieta no interviene directamente en el desarrollo o la prevención de la psoriasis. Está demostrado que algunos déficits nutricionales provocan enfermedades que afectan a la piel, sin embargo, aunque seguir una alimentación sana y equilibrada ayuda a mantener la piel en mejor estado, no se conoce exactamente el papel que juega la dieta en la prevención y el tratamiento de algunas enfermedades dermatológicas como la psoriasis.

En una revisión publicada en Nutrición Clínica y Dietética Hospitalaria (1), los autores señalan que la psoriasis empeora con el consumo de tabaco, alcohol y con algunos medicamentos, como los betabloqueantes y el litio. También apuntan que el estrés oxidativo y, a consecuencia, el aumento de los radicales libres podrían estar relacionados con el proceso inflamatorio de la enfermedad. Por este motivo, consumir fruta y verdura (sobre todo, zanahorias y tomates, por su contenido en carotenoides, flavonoides y vitamina C) podría beneficiar a estos pacientes. De igual manera, hay datos que sugieren una posible mejoría con la ingesta de pescado y suplementos ricos omega 3. En la revisión, los autores citan también un estudio piloto realizado en 2011 en el que se sugiere evitar café y té negro, chocolate, yerba mate, pimienta, comidas ahumadas, ternera y glutamato monosódico, además del tabaco y el alcohol, aunque advierten que son necesarios estudios que valoren si tales modificaciones conlleva una mejoría de las lesiones.

Por otro lado, Ramón Grimalt, dermatólogo, profesor de Dermatología en la Universitat Internacional de Barcelona y miembro de la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV)  recomienda:

  • Consumir vegetales (una vez al día, crudos) y fruta en abundancia, en el almuerzo y en la cena (de dos a tres piezas).
  • Ingerir dos puñados de frutos secos al día, sin tostar ni salar. Las pipas de girasol crudas aportan gran cantidad de vitamina D.
  • Consumir más pescado que carne, cuatro veces por semana, dos de ellas, pescado azul.
  • Optar por el pan y la pasta integral.
  • Aumentar el consumo de crustáceos (mejillones), aceite de oliva, aceite de colza y legumbres.
  • Incrementar la ingesta de yogur, quéfir y chucrut (Sauerkraut), ricos en probióticos.

En la psoriasis, imprescindible el cuidado de la piel

Además del papel que puede jugar la dieta en el aspecto de la piel, Grimalt insiste en que es indispensable la hidratación cutánea diaria, tanto si la piel está en fase de brote o libre de lesiones. Apunta que las cremas emolientes, que se pueden adquirir en farmacias y supermercados, pueden realizar esta función de manera adecuada. Sin embargo, advierte que hay evitar aplicarlas en la cara y en la parte alta del tronco, para evitar la formación de pústulas. Otro mensaje que lanza este especialista es la conveniencia de procurarse las horas de descanso nocturno necesario.

La psoriasis: una enfermedad inmunológica

La psoriasis es una enfermedad inmunológica –donde los linfocitos T se activan indebidamente y provocan la activación de otras respuestas inmunitarias- que provoca  que las células cutáneas se renueven demasiado rápido: en vez de cada 28 días, con la psoriasis, esta renovación cutánea ocurre en tan solo 3 o 4, y provoca que las células nuevas se acumulen en la superficie. Ello ocasiona descamación e inflamación en la piel, provocando lesiones que cursan con prurito intenso, dolor e incluso pérdida de la integridad cutánea. Este acopio desmesurado de células es el origen de placas de piel gruesa, enrojecida y con escamas de color plateado, sobre todo, en codos, rodillas, cuero cabelludo y torso aunque, también pueden aparecer en la parte baja de la espalda, en palmas y plantas, en uñas, genitales e, incluso, en la cavidad bucal.

Tiene una prevalencia entre el 0,2% y el 4,8% de la población mundial. Aunque es más frecuente en adultos, la verdad es que cualquiera puede sufrir psoriasis, ya que en menores se da sobre todo en la adolescencia, a partir de 15 años, sin diferencias entre sexos. En algunas personas, hay cierta predisposición genética. Pese a que no es infecciosa ni contagiosa, esta enfermedad devalúa la calidad de vida del afectado, ya que supone un gran impacto psicológico con efectos en la autoestima, en el entorno laboral y social, también provocados por la incomprensión y el rechazo injustificado, debido, más que nada, al desconocimiento de la enfermedad.

Los distintos tratamientos disponibles –emulsiones,  fototerapia UVB, fotoquimioterapia o medicamentos como los retinoides o la ciclosporina, siempre bajo supervisión facultativa- ayudan a mantener la piel en el mejor estado posible. Sin embargo, cada vez más, los dermatólogos trabajan conjuntamente con psiquiatras y psicólogos para tratar las secuelas de la enfermedad. No hay que olvidar que los factores que influyen en el empeoramiento de la enfermedad, además, de las infecciones, las variaciones climáticas y determinados medicamentos, está el estrés físico y psíquico.

Con todo, parece que seguir una alimentación saludable, mantener un peso adecuado, hidratarse la piel a consciencia, llevar una vida activa, dormir las horas suficientes y abandonar el hábito tabáquico parecen clave en el pronóstico y tratamiento de esta enfermedad.

 

BIBLIOGRAFIA:

*1. Puerto L, Tejero P. Alimentación y nutrición: repercusión en la salud y belleza de la piel. Nutr. clín. diet. hosp. 2013; 33(2):56-65.

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dieta, piel

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