Saber qué alimentos comprar, clave para la salud

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Mié, 06/10/2015 - 08:19

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Llevar un estilo de vida saludable, junto con el abandono de hábitos insanos, como el sedentarismo y el tabaquismo, ayuda a mantener a raya multitud de enfermedades. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), debido a los cambios en los regímenes alimentarios y los modos de vida imperantes en la actualidad, las enfermedades no transmisibles crónicas, como obesidad, la diabetes mellitus, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión y los accidentes cerebrovasculares y algunos tipos de cáncer, son causas cada vez más importantes de discapacidad y muerte prematura –tanto en los países desarrollados como en los en desarrollo- y suponen un coste muy importante en los presupuestos sanitarios nacionales. 

Un cambio de hábitos, entre los que se incluye la adopción de una dieta saludable y equilibrada, ayuda a reducir la morbimortalidad de estas enfermedades crónicas.  La alimentación incorrecta es uno de los factores que está detrás de problemas cada vez más frecuentes en el adulto: la OMS asegura que de los diez riesgos que más perjudican a la salud, seis se relacionan directamente con la alimentación y causa el 40% de todos los fallecimientos en todo el mundo. Se estima que entre el 90% y el 95% de los casos de obesidad entre los adultos se deben a una alimentación incorrecta en la infancia y la adolescencia. 

El tentador entorno obesogénico

Con el ritmo de vida actual, regido por horarios y prisas, muchas veces, la opción saludable no es la más fácil ni la preferida, sino todo lo contrario. Y así, lo más cómodo y rápido es consumir alimentos de dudosa calidad nutricional, con cantidades excesivas de grasas, sobre todo saturadas, sal, azúcares y en proteínas animales. Además, la falta de actividad física se ha reforzado a consecuencia de la cantidad de horas que nos pasamos sentados, ya sea en el entorno escolar, laboral o realizando actividades de ocio pasivo. Esto no hace sino aumentar el sedentarismo, lo que provoca que sea imposible quemar todo lo que se come. 

Este entorno obesogénico en el que estamos inmersos como sociedad desarrollada, afecta a todos los sectores de la población, principalmente en los más jóvenes, y dificulta el poder tomar elecciones saludables: las nuevas pautas de alimentación familiar, el aumento desmesurado de consumo de comidas rápidas, preelaboradas y de bebidas con gas están haciendo mella en la salud de la sociedad.

Alimentación saludable, ¿qué es?

Desde la Estrategia NAOS (para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad), auspiciada en 2005 por el Ministerio de Sanidad y Consumo y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), se considera que una alimentación es adecuada y saludable cuando cumple los siguientes preceptos:

-Es suficiente para cubrir las exigencias y mantener el equilibrio del organismo.

-Es completa y variada en su composición, incluye todos los nutrientes en cantidad y proporción necesarios, según la edad y circunstancias del individuo.

-Es adecuada a las diferentes finalidades: conservar la salud, cooperar en curar las enfermedades, asegurar el crecimiento y desarrollo de los niños.

-Se adapta a las necesidades y gasto energético de cada persona.

Saber qué alimentos comprar, clave para la salud

El primer paso para seguir un patrón de alimentación correcto es saber qué comprar. Nutricionistas del Grado de Nutrición Humana y Dietética de la Universidad Complutense de Madrid junto con la Fundación del Corazón han reunido unas sencillas instrucciones para seguir en el momento de hacer la compra, que pueden suponer un gran paso cualitativo en la alimentación familiar. En resumen son:

1. Repartir el carro de la compra en cuatro partes iguales: dos cuartas partes, que sería medio carro, para los vegetales (frutas, verduras y hortalizas); una cuarta parte para la proteína (huevos, carne o pescado); y el espacio restante para los hidratos de carbono (arroz, pasta, patatas, legumbres y pan). Esta repartición se corresponde con lo que habría que ingerir en cada comida y permite crear menús variados y sanos sin grandes complicaciones.

2. Leer el etiquetado es una buena costumbre, ya que proporciona información básica. Así se pueden seleccionar los alimentos según su tipo de grasa -grasas saturadas, monoinsaturadas y poliinsaturadas (omega-3 y omega-6) y ácidos grasos trans- y por los azúcares que lleven incorporados y poder disminuir la cantidad ingerida. También es una buena manera de saber la cantidad de sal que incorpora el producto, teniendo en cuenta que, en España, se consume casi el doble de lo recomendado por la OMS, quien apunta que una cucharadita de sal al día es la cantidad idónea (hay que saber que 2 gramos de sodio equivalen a 5 de sal).

3. Escoger alimentos para consumir en crudo, al menos, en igual proporción que aquellos que necesitan cocción previa. Esta norma, además, implica incrementar los productos vegetales.

4. Dar preferencia a los productos de temporada, que están en el momento idóneo de consumo además de tener una mejor calidad-precio, y es una forma más sostenible de alimentarnos.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:
*Organización Mundial de la Salud: http://www.who.int/publications/es
*Fundación Española del corazón: http://www.fundaciondelcorazon.com/
*Estrategia NAOS. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad: http://www.naos.aesan.msssi.gob.es/naos/estrategia/que_es/

Valoración: 
4

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