El azúcar de los refrescos

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Lun, 09/07/2015 - 11:36

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Desde hace años ya se advierte de que tomar refrescos no es la mejor manera de hidratarse. Los refrescos, tan socorridos cuando hay sed, contienen gran cantidad de azúcar. Nutricionalmente, estas bebidas, además de agua, lo que más aportan es azúcar: una lata de cola o de naranja contiene entre 8 y 9 cucharaditas de azúcar que, a cinco gramos aproximadamente cada una, resulta que cada lata tiene entre 45 y 50 gramos de azúcar. Para tener una idea más gráfica: en una lata de cola se calcula que hay hasta 10 terrones de azúcar.

Hay otras bebidas de empleo casi cotidiano cuyo contenido en azúcar tampoco es nada despreciable. Nos referimos a las bebidas isotónicas, que aportan cerca de 26 gramos de azúcar. Esto significa que si se utilizan de manera habitual para saciar la sed o para reponer los líquidos perdidos en una actividad física moderada -lo que se consigue bebiendo suficiente agua antes, durante y después-, no solo estaremos hidratándonos, sino que puede suponer un exceso en azúcar y calorías que provoque un efecto contrario al esperado. Estas bebidas es mejor dejarlas para el ejercicio intenso o de larga duración o, si se realiza en un ambiente caluroso, para evitar la temible "pájara” por hipoglicemia. Tenidas como una opción saludable, los jóvenes y niños hacen uso de estas bebidas azucaradas para saciar la sed de manera habitual.

En España, el consumo de refrescos está muy arraigado: según el estudio enKid, para evaluar los hábitos alimentarios y el estado nutricional de la población infantil y juvenil española de los 2 a los 24 años, el 92,6% de los niños y jóvenes toma refrescos de forma usual. En esta investigación, además, se observaron diferencias estadísticamente significativas en la ingesta de productos azucarados, bollería, embutidos y refrescos azucarados entre varones de más de 14 años con obesidad y los que no.

Más riesgo de diabetes con refrescos

Un análisis reciente apunta que un alto consumo de refrescos podría aumentar el riesgo de diabetes, incluso sin obesidad previa. Este estudio, publicado este pasado mes de julio en la edición digital de la revista British Medical Journal, de la British Medical Association, señala que la ingesta de estas bebidas se asocia a un incremento del 13% de diabetes mellitus tipo 2 en los últimos 10 años, con independencia de si se sufre sobrepeso. A pesar de que esta enfermedad metabólica tiene una predisposición genética, no hay que olvidar que los factores ambientales son clave en su desarrollo, como seguir una dieta inadecuada, el sedentarismo y la obesidad.

Hasta hace poco se creía que diabetes tipo 2 y los refrescos tenían relación porque el azúcar era un factor importante en el incremento de peso corporal, ya que se almacena en forma de grasa corporal y esta favorece la resistencia a la insulina. Sin embargo, esta investigación muestra que la ingesta de bebidas azucaradas con tan alta concentración aumenta el riesgo de sufrir diabetes en cualquier persona, incluso con un peso considerado adecuado, en un 13% en diez años.

Otros trabajos anteriores ya habían expuesto tal asociación. En 2013, un estudio que publicaba la revista Diabetologia señalaba que incluso beber solo una lata de refresco al día ya incrementaba con claridad el riesgo de padecer diabetes tipo 2 en un futuro.

Para la salud del corazón: menos azúcar

Pero los efectos de un exceso de azúcar en la dieta no son solo la diabetes. Tomar demasiado azúcar se relaciona, además de con un mayor riesgo de desarrollar resistencia a la insulina, con un riesgo aumentado de obesidad, hipertensión e hipercolesterolemia, entre otros efectos, y, en consecuencia, con un mayor riesgo de morir a causa de una enfermedad cardiovascular.

El estudio "Added Sugar Intake and Cardiovascular Diseases Mortality Among US Adults" realizado en adultos de EE.UU. analizó durante 15 años (entre 2005 y 2010) el consumo de azúcar añadido al total de las calorías diarias en la dieta y su relación con la mortalidad por enfermedad cardiovascular. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que menos del 10% del total de calorías ingeridas sea en forma de azúcar añadido. Sin embargo, este análisis puso de manifiesto que, para la mayoría de los adultos analizados, este porcentaje era el mínimo consumido e, incluso, para el 10% de la población, la ingesta de azúcar añadido suponía el 25% o más del total de calorías.

Al cruzar estos datos con la mortalidad, se encontró que el riesgo de fallecer aumentaba un 18% en las personas que consumían azúcar añadido comparado con quienes seguían una dieta con poca o ninguna cantidad de azúcar añadido. Pero, por grupos, el riesgo de fallecer en quienes incluían entre un 17% y el 21% de sus calorías totales en forma de azúcar era hasta de un 38%, y de cerca del 80%, para quienes las calorías de los azúcares suponían más del 21% del total en su dieta diaria.

Por este motivo, la recomendación de no añadir azúcar no solo debe quedarse en un consejo para el control de peso. La diabetes, las enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer, la osteoporosis y, por supuesto, las caries son algunos de los problemas de salud que se podrían mantener a raya con su consumo justo.

 

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