Nutrición y salud de la piel

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Mié, 11/18/2015 - 10:36

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Repercusión de la alimentación en la piel

El envejecimiento de la piel es un proceso biológico inherente al paso de los años y viene determinado por la genética y por el estilo de vida, donde se incluye la dieta, aunque también por factores medioambientales, como la radiación solar. En un artículo publicado en la revista de Nutrición Clínica y Dietética Hospitalaria (1), Puerto et al. citan también la pérdida de estrógenos junto con la disminución de la función metabólica y el daño oxidativo acumulado. Los radicales libres serían los primeros responsables de una cadena que provocaría degradación tisular y daños genéticos permanentes. Pero, lo que comemos, ¿se refleja en la piel? En esta revisión se han encontrado algunos trabajos que muestran que aumentar el consumo de frutas y verduras (con alto contenido en antioxidantes) produce cambios beneficiosos objetivables, pero los resultados no son lo bastante concluyentes para diseñar un protocolo de uso para la suplementación con antioxidantes, ya que todavía no se conoce lo suficiente sobre cuáles son las dosis seguras o eficaces o los efectos adversos que podrían provocar.

Sin embargo, a partir de todos los estudios revisados, los autores concluyen que lo cierto es que un déficit nutricional sí que puede resultar en alteraciones nutricionales que modifiquen el estado de la piel. También es cierto que hace tiempo que la investigación ha puesto de relieve que algunas enfermedades cutáneas están asociadas a deficiencias nutricionales, y que un régimen específico puede ayudar en la prevención de recurrencias, como sucede en la dermatitis herpetiforme. En otras, como el acné o la psoriasis, los estudios realizados apuntan a una posible asociación aunque, de momento, no hay suficiente evidencia científica que lo sustente. 

Lo que sí se conoce es el efecto que provoca comer frutas y verduras sobre el aspecto de la piel. Por ejemplo, las frutas y hortalizas de color naranja-amarillo intenso, como las zanahorias, la calabaza, el boniato y el mango y, en menor proporción, la naranja, la mandarina y el pomelo, el melocotón y el albaricoque; o las de color rojo, como el tomate, son ricas en carotenoides, derivados de la vitamina A, que ayuda a contrarrestar los efectos producidos por el sol, en concreto, por los rayos UVA. Así, tienen la capacidad de reducir la flacidez de la piel y, también, las arrugas. Otros nutrientes que actúan sobre la piel desde dentro, tal y como cita Alma Palau en esta entrada, son la vitamina B6, la vitamina E, la vitamina C y el colágeno, el cobre y el selenio.

Hábitos saludables para mantener una piel sana

Los factores que influyen en el estado de la piel se podrían resumir en tres: actividad física, alimentación e hidratación. El agua ayuda a que la piel esté hidratada y a eliminar del organismo toxinas. Además, proporciona cobre, selenio y sulfuro, nutrientes necesarios para lucir un piel sana. Lo idóneo es beber con regularidad, aunque no se tenga sensación de sed. No obstante, sobre la hidratación hay que concretar. Aunque desde diversos medios, como revistas de belleza o Internet, se recomienda que para mantener una piel hidratada, con un aspecto más saludable y menos propensa a las arrugas, hay que beber de 6 a 8 vasos de agua al día, la realidad es que esta afirmación no está sustentada  por la evidencia científica. Una revisión realizada por Wolf et al. (3) demostró que se habían realizados muy pocos estudios al respecto y, el único que encontró, presentaba sesgos. Así, concluía que aunque no beber agua es perjudicial para la piel, igual que para el resto del cuerpo, no está demostrado que beber dos litros cada día sea bueno para la salud de la piel.

Otras recomendaciones que lanzan los expertos de la Academia Española de Dermatología y Venereología  (3) para una piel sana son:

1. Utilizar fotoprotector diario (mínimo SPF 20), incluso en invierno.

2. Abandonar el hábito tabáquico: fumar provoca vasoconstricción de la piel, con la consecuente disminución de aporte sanguíneo, y disminuye las fibras estructurales y de sostén.

3. Seguir una dieta sana y equilibrada, rica en verdura y fruta, y limitar las grasas de origen animal.

4. Controlar el estrés.

 

BIBLIOGRAFÍA:

(1) Puerto L,Tejero P. Alimentación y nutrición: repercusión en la salud y belleza de la piel. Nutr clin diet hosp. 2013; 33(2):56-65.
(2) Wolf R, Wolf D, Rudikoff D, Parish LC. Nutrition and water: drinking eight glasses of water a day ensures proper skin hydration-myth or reality? Clin Dermatol. 2010; 28 (4): 380-3.
(3) Jorge Soto Delás, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología, (2011). El coste de un cosmético no guarda relación con su eficàcia. 2001. [cited 18 November 2015]. Available from: http://aedv.es/comunicacion/notas-de-prensa/una-crema-no-puede-rebatir-l...

 

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piel, dieta

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