El colágeno y la salud de la piel

Montse Arboix

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(@m_arboix) Enfermera experta en Promoción de Salud

Jue, 09/29/2016 - 17:47

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El colágeno es una proteína de gran peso molecular y constituye entre el 25% y el 30% de la masa proteica total del organismo y el 80% del total del tejido conectivo, lo que la convierte en la proteína más importante. Está formada por los aminoácidos glicina, prolina, hidroxiprolina y arginina, y también posee ciertas cantidades de cobre, silicio y cinc. Genera fibras colágenas, que junto a las elásticas y las reticulares, son las fibras de la dermis. Estas fibras se agrupan en haces y son las responsables de la elasticidad y resistencia de la piel y, de hecho, juegan un papel básico en la cicatrización de las heridas. Pero también forman parte de otras estructuras, como músculos, tendones, huesos y articulaciones.

Aunque el cuerpo humano produce colágeno de manera natural, a medida que se cumplen años, se pierde la capacidad de sintetizarla. Y no hay que ser muy mayor. Se estima que esto empieza a suceder a partir de los 25-30 años. A partir de entonces, los signos visibles no se hacen esperar: comienzan a aparecer las primeras arrugas, la piel pierde elasticidad y tersura y las articulaciones, movilidad, entre otras.  Pero es después de los 40 cuando la disminución se hace mayor y, a partir de los 60, drástica, pues se estima que se reduce hasta un 30% anualmente.

Nutrientes para una piel sana y reluciente

Para mantener una piel y huesos sanos hay que seguir unos hábitos de vida saludable. La receta es más que conocida: una alimentación sana y equilibrada, realizar actividad física diaria y mantener una hidratación correcta. Aunque el colágeno es una proteína básica para mantener la piel tersa y sin arrugas, no se puede incorporar al organismo de forma externa (si no es en forma de suplementos, cuya eficacia es bastante discutible). No obstante, hay algunos nutrientes que pueden echar una mano, pues promueven su producción.

Dentro del grupo de vitaminas que nutren la piel está la vitamina C -que se encuentra en frutas, como los cítricos, las fresas o los kiwis- que es fundamental en la producción de colágeno. También las verduras de color rojo, ricas en licopenos -como los pimientos, la col o los tomates-, poseen una potente acción antioxidante que está relacionada con la producción de colágeno. Lo mismo ocurre con la vitamina E, que está presente en alimentos de origen vegetal como frutos secos, germen de trigo, aceites vegetales y verduras de hoja verde (col, repollo, escarola o espinacas) y la vitamina B6 de los alimentos proteicos como pescado azul, huevo, frutos secos, levadura de cerveza, carnes magras, plátano, pasas, alubias, cereales integrales y aguacates.

Los frutos secos, como piñones, avellanas, almendras o nueces, entre otros, contienen un alto contenido en proteínas y de ácidos grasos omega 3, omega 6 y omega 9, que aportan brillo y la elasticidad a la piel.

De la misma manera, alimentos ricos en azufre (apio, aceitunas, pepinos, ajos, cebollas, plátano o alimentos de procedencia animal), en cobre (carnes, crustáceos, verduras secas, agua potable y cacao) y en selenio (carnes, huevos, marisco, ciertas setas y cereales) ayudan a cuidar la piel.

Enemigos de la piel

Hay diversos factores que pueden provocar una rápida degradación el colágeno, como los niveles altos de estrés o la exposición solar, que ayudan a deteriorar la síntesis de colágeno. En el caso de los rayos solares, además, el daño que originan se acumula año tras año. 

También es perjudicial el hábito tabáquico: las sustancias químicas que se encuentran en un cigarrillo dañan, además del colágeno, la elastina, una fibra del tejido conectivo, ambas responsables de mantener la piel elástica y fuerte. La nicotina, además, provoca vasoconstricción en la piel reduciendo su aporte de nutrientes, mientras que el monóxido de carbono del humo restringe la capacidad de transporte de oxígeno por la sangre. Por todo ello, hace años que se apunta que contribuye enormemente a su envejecimiento prematuro, debido a los radicales libres que posee que, además de disminuir hasta un 50% la capacidad antioxidante de la sangre, centran su acción perjudicial sobre las células de la piel, en concreto.

 

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